Por Carlos Silva.
Aún y cuando el origen es bueno, no necesariamente se tiene que volver a las causas que dieron origen al PAN, porque algunas de ellas ya forman parte del pasado, empero, para el panismo queretano los retos hoy son bien diferentes y tiene frente a sí, el enorme reto de saber salir al reencuentro con la ciudadanía, con esa a la que en algún momento se le ha fallado, porque ciertamente ha ocurrido, bien porque hayan dejado de lado los ideales, bien porque se haya traicionado la confianza, bien porque se hayan convertido en aquello contra lo que otrora se luchaba.
Errores los hay y se han cometido en distintos momentos y tiene que partirse también, del reconocimiento de que ello ha sido parte significativa del ascenso de esa izquierda a la que una sociedad cansada le dio la oportunidad de acceder al gobierno, posición desde la cual, hoy la izquierda dinamita las instituciones que posibilitaron su ascenso y esa responsabilidad, alcanza a muchos.
Siempre será posible que un partido sólo pueda renovarse siendo él mismo, recuperando su historia para exponerla hacia el futuro, sin caer en engaños fáciles, con el ánimo de recuperar esa confianza que tarda años en construirse, pero que puede verse destruida en instantes, porque ha quedado claro que han sido el hastío, el desencanto y la corrupción de los gobiernos del pasado los que han alimentado la narrativa del que hoy es un régimen populista que es el mismo que voltea la vista para responsabilizar a todos los demás de los errores del pasado y de los problemas del presente para construir esa narrativa que les ha resultado tan rentable.
Querétaro es mucho mejor sin ese tipo de experiencias, sin ese tipo de remedos y experimentos ideológicos que ya han mostrado haber fracasado en las repúblicas bananeras en donde han llevado a cabo este tipo de malogradas experiencias, sin embargo, es mucho lo que tiene que hacer el PAN para mantenerse como la opción que permita seguir haciendo viable ese proyecto de ciudad que hace destacar a Querétaro dentro del resto de la república justo por su calidad de vida, por su nivel de desarrollo, por la posibilidad de encontrar empleo aquí y brindar las condiciones de paz y tranquilidad para que las familias se desarrollen en el mejor de los espacios. Porque eso es algo a lo que aspiramos todos para nuestros hijos, para nuestras familias y en ese aspecto, Querétaro es una oportunidad inmejorable.
Querétaro no merece el arribo de hordas ideologizadas que en alianza con políticos locales impregnados de los resentimientos que acumularon a lo largo de los años en los respectivos partidos en los que anteriormente militaron, Querétaro no requiere de ex priístas y ex panistas resentidos que se convirtieron en fanáticos extremistas y que hoy vociferan que en Querétaro todo está mal y que ellos son la única opción viable para salvarnos justo de aquello de lo que ello mismos fueron parte en otros momentos.
Querétaro y quienes aquí vivimos no merecemos el arribo y el odio que traen impregnado aquellos que justamente llegan a nuestro estado tratando de disfrutar los beneficios que nuestro entorno brinda y que llegan aquí tratando de inventar un supuesto mundo ideal como el de aquellos lugares en los que, justamente las malas condiciones de vida los expulsó a otras entidades, solo para promover a la fuerza política que justamente por sus errores y malos gobiernos los arrojó de sus lugares de origen y hoy viene aquí a promover esa oferta política a sabiendas de que donde ellos gobiernan, las cosas han cambiado y no ciertamente para bien.
En Querétaro tenemos como estado una personalidad perfectamente definida, nos gusta vivir bien y en paz, con una libertad y con condiciones de seguridad y estabilidad que se han prohijado por años y que se han construido por una sociedad queretana que piensa y eso implica dudar y preguntar para decidir y que para seguir avanzando no se requiere de voces hilarantes y de falsos profetas que vienen a vender lo que no tienen en los estados de donde provienen.
Porque muchos de los que arriban a nuestro estado, vienen huyendo de un lugar en donde el pastor lo es todo, aprendieron a dejar de dudar y como dóciles borregos, les enseñaron a temerle al lobo, sin embargo no parecen querer darse cuenta de que al final, el que siempre se los termina comiendo es ese pastor que hoy los sigue pastoreando tras bambalinas.
Querétaro se les antoja, pero no necesariamente lo quieren ganar para construir, sino solamente para sumar a la causa de su pastor, ese que los azuza a seguir el camino de una transformación que marcha en la ruta de convertir al país en una dictadura, bajo la premisa de un supuesto cambio que no es otra cosa que el disfraz con el que han venido engañando a tanta gente desilusionada de los que estuvieron antes.
Querétaro tiene que seguir creciendo, seguir avanzando sin que ello le implique perder todos aquellos símbolos que han forjado su identidad, creciendo, pero para bien, sin los límites que imponen en aquellos lugares en ya donde gobiernan con la soberbia que les brinda el sentirse dueños de la verdad absoluta; tenemos que saber ver a tiempo, que a donde han llegado a gobernar, no necesariamente lo están haciendo para bien, que destruir lo que se tiene, no es transformar y que los cambios que esos agoreros del desastre plantean, no significa que siempre sean para bien, ejemplos hay muchos y se reproducen con la misma velocidad con la que su oferta política ha crecido.
No basta entonces con identificar a los borregos, esos se dejan ver fácilmente a través de su discurso lleno de odio y de ese tipo de excentricidades que rayan en la locura, hay que ver un poco más allá, para saber quién es su verdadero pastor, lo que dejará ver sus verdaderas intencionalidades. Hay que cuidar Querétaro y seguir avanzando como se ha venido haciendo mucho antes de que ellos llegaran a tratar de gobernar.
Se trata sí, de avanzar y de seguir haciéndolo, pero bajo la lógica que tan bien nos ha funcionado a los queretanos.






