El aumento de los precios, el encarecimiento de los combustibles y el rechazo a la guerra con Irán complican la campaña de Donald Trump. La expansión económica, impulsada en parte por inversiones en inteligencia artificial, también genera inquietudes por sus posibles efectos laborales y ambientales.
El incremento del costo de vida se convirtió en uno de los principales obstáculos para el Partido Republicano y el presidente Donald Trump de cara a las elecciones legislativas de Estados Unidos, en las que el partido busca conservar sus mayorías en el Congreso.
Los comicios se desarrollan en un contexto de persistencia inflacionaria, rechazo a la guerra con Irán y cuestionamientos sobre los efectos de la expansión de la inteligencia artificial en el empleo y los servicios públicos.
Trump llegó a la Casa Blanca en enero de 2025 con la promesa de contener la inflación, uno de los principales problemas económicos heredados de la administración de Joe Biden. Sin embargo, los indicadores recientes muestran que el aumento de precios continúa por encima de los niveles registrados al cierre del mandato demócrata.
De acuerdo con las cifras citadas en el reporte, la inflación promedio durante los últimos seis meses de Biden fue de 2.67%, mientras que entre abril y septiembre, ya bajo el Gobierno de Trump, alcanzó 3.67%.
Este comportamiento representa un factor de presión para los republicanos, que enfrentan el riesgo de perder el control de la Cámara de Representantes y una contienda más cerrada por el Senado.
Aranceles y guerra con Irán encarecen productos y combustibles
Durante 2025, Trump impulsó una política comercial basada en la imposición de aranceles a distintos socios económicos de Estados Unidos. Estas medidas elevaron el costo de algunas importaciones y contribuyeron a las presiones sobre los precios.
A ese escenario se sumó la ofensiva militar contra Irán, iniciada el 28 de febrero, que afectó el tránsito comercial por el estrecho de Ormuz y presionó al alza los precios internacionales de los combustibles.
Según los datos del reporte, la gasolina regular en Estados Unidos cuesta casi 50% más que en febrero, mientras que el diésel registra un incremento cercano a 70%. El encarecimiento de la energía también repercute en los costos de transporte y producción, con efectos sobre otros bienes y servicios.
Los indicadores de inflación publicados en septiembre reforzaron las preocupaciones económicas: el índice de precios al consumidor (IPC) registró una variación promedio de 3.5% durante el último trimestre, mientras que el índice de gastos en consumo personal (PCE) reportó un aumento de 3.6% en septiembre.
Crecimiento económico con dependencia de la inteligencia artificial
La economía estadounidense también presentó señales de crecimiento. El producto interno bruto (PIB) avanzó 3.4% durante el tercer trimestre, impulsado en buena medida por el consumo privado, que mantuvo un crecimiento de 3.8%.
Sin embargo, una parte importante de la expansión estuvo relacionada con las inversiones empresariales en tecnología e inteligencia artificial. La inversión corporativa aumentó 12.7%, mientras que el gasto en equipos de procesamiento de información creció 37.4% y el destinado a software avanzó 9.6%.
Este impulso tecnológico también representa un desafío político para el Gobierno. Aunque la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los motores de inversión, genera preocupación por la posible sustitución de empleos y el elevado consumo de electricidad y agua de los centros de datos.
En distintas comunidades estadounidenses, la expansión de estas instalaciones ha provocado cuestionamientos sobre sus efectos en los servicios y los costos locales, particularmente en





