El fenya, una antigua jerga vinculada al mundo criminal y penitenciario de Rusia, sobrevivió al zarismo, atravesó los gulags soviéticos y terminó incorporándose a la cultura popular y al lenguaje de internet. Hoy, algunas de sus expresiones representan un desafío adicional para investigadores que rastrean actividades de ciberdelincuentes rusos.

Su origen es incierto, aunque una de las teorías señala que surgió entre los ofeni, vendedores ambulantes que recorrían la Rusia zarista y desarrollaron una forma de comunicación destinada a ocultar sus conversaciones. Con el tiempo, el vocabulario fue adoptado por delincuentes y grupos marginales.

Durante el siglo XIX, el fenya comenzó a consolidarse como un criptolecto, es decir, una variedad lingüística utilizada para ocultar información frente a quienes no pertenecen a determinado grupo. Una misma palabra podía adquirir un significado completamente distinto.

Por ejemplo, babki, que en ruso significa “abuelas”, también puede significar dinero en fenya. Varezhka, “guante”, puede utilizarse para referirse a la boca, mientras que jalyava puede significar regalo u obsequio.

Los gulags impulsaron su expansión

La verdadera expansión del fenya ocurrió durante el periodo soviético. La creación y crecimiento del sistema de campos de trabajo forzado provocó que millones de personas, entre delincuentes comunes, campesinos, intelectuales y opositores políticos, convivieran en las cárceles y gulags.

En ese entorno, la jerga se convirtió en una herramienta de supervivencia y comunicación. Los delincuentes profesionales incluso desarrollaron códigos propios, vinculados con el llamado vorovskoy zakon, o “código de los ladrones”.

La represión oficial no logró detener su expansión. Tras la muerte de Iósif Stalin, en 1953, una amnistía que liberó a más de un millón de prisioneros permitió que el fenya saliera de las cárceles y se extendiera por distintas regiones de la Unión Soviética.

Las llamadas blatnaya pesnya, o canciones de ladrones, ayudaron a popularizarlo. Grabaciones clandestinas circularon entre la población y convirtieron expresiones asociadas con el mundo criminal en parte de la cultura popular.

Del lenguaje marginal al Kremlin

Con la caída de la Unión Soviética, el fenya ya estaba profundamente arraigado en la sociedad rusa. Su evolución incluso alcanzó a las élites políticas.

Investigadores citados en el análisis señalan que funcionarios rusos, incluido Vladimir Putin, comenzaron a utilizar expresiones provenientes de esta jerga en discursos y declaraciones públicas.

Esta incorporación fue interpretada por algunos especialistas como una estrategia para proyectar una imagen popular, directa o asociada con la dureza y la autoridad.

Paradójicamente, mientras algunas autoridades restringían el uso del fenya dentro de las prisiones, expresiones de ese lenguaje continuaban apareciendo en el discurso público.

La jerga también llegó a internet

Con la expansión de internet en Rusia surgieron nuevas variantes lingüísticas. Una de ellas fue el padonki, una jerga digital caracterizada por errores ortográficos deliberados, juegos de palabras y modificaciones fonéticas.

El objetivo no siempre era ocultar actividades criminales. En muchos casos se trataba simplemente de una forma de identidad cultural y humor dentro de las comunidades digitales.

Sin embargo, la capacidad del lenguaje para alterar significados terminó convirtiéndolo también en una herramienta útil para grupos dedicados al ciberdelito.

Los especialistas comenzaron a encontrar expresiones provenientes del fenya y de otras jergas criminales en foros clandestinos y conversaciones entre ciberdelincuentes.

El nacimiento del “ciberfenya”

Uno de los ejemplos más claros apareció en 2022, cuando se filtraron conversaciones internas de la organización de ciberdelincuentes Conti.

Investigadores de ciberseguridad detectaron expresiones que resultaban prácticamente incomprensibles para los sistemas de traducción automática. Algunas frases aparentemente absurdas escondían referencias a correos electrónicos, listas negras y otras actividades relacionadas con operaciones digitales.

El problema es especialmente complejo porque el vocabulario evoluciona constantemente. A las expresiones tradicionales del fenya se suman términos procedentes del inglés, modificaciones fonéticas y nuevas palabras creadas dentro de comunidades digitales.

Para los investigadores, esta combinación puede convertirse en una especie de código informal que dificulta la interpretación de conversaciones utilizadas para planear ataques informáticos.

Algunos especialistas han comenzado a referirse a esta mezcla como “ciberfenya”, una evolución digital de una jerga que durante siglos tuvo como principal objetivo mantener las conversaciones fuera del alcance de quienes estaban fuera del grupo.

Así, una lengua que nació en los márgenes de la sociedad rusa terminó atravesando cárceles, campos de trabajo, música clandestina, cultura popular y política para llegar a uno de los escenarios más sofisticados del crimen contemporáneo: la web oscura.

El fenya demuestra que los lenguajes clandestinos no desaparecen con el tiempo. Se transforman, incorporan nuevas palabras y encuentran nuevos espacios donde cumplir la misma función que tuvieron originalmente: hablar sin ser comprendidos por los demás.

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