El síndrome de ovario poliquístico (SOP), una de las afecciones hormonales más frecuentes entre las mujeres en edad reproductiva, adoptó oficialmente una nueva denominación: síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), tras una campaña internacional que se extendió durante 14 años y que busca mejorar la comprensión, el diagnóstico y la atención de esta condición.
La Organización Mundial de la Salud estima que entre el 10 y el 13 por ciento de las mujeres en edad reproductiva viven con este síndrome, lo que representa alrededor de 170 millones de personas en el mundo. Sin embargo, hasta el 70 por ciento de los casos permanecen sin diagnóstico.
Especialistas señalan que el antiguo nombre resultaba engañoso, ya que centraba la atención en los ovarios y en la presencia de múltiples folículos, cuando en realidad se trata de una enfermedad compleja que involucra alteraciones hormonales, metabólicas, reproductivas y cardiovasculares.
Entre los síntomas más comunes se encuentran fatiga crónica, aumento de peso, crecimiento excesivo de vello, alteraciones menstruales, problemas de fertilidad, ansiedad y depresión. Además, la condición se asocia con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión arterial y cáncer de endometrio.
La endocrinóloga australiana Helena Teede, quien encabezó el esfuerzo internacional para cambiar la denominación, explicó que la modificación busca impulsar una nueva clasificación de la enfermedad y favorecer una mayor inversión en investigación, tratamientos y capacitación médica.
Por su parte, la médica y epidemióloga mexicana Susana Lozano Esparza señaló que durante décadas el síndrome ha enfrentado una falta de atención tanto en el ámbito médico como en la investigación científica, situación que ha dificultado su diagnóstico oportuno y el acceso a tratamientos integrales.
De acuerdo con la especialista, muchas pacientes reportan haber visto minimizados sus síntomas desde la adolescencia, tanto por familiares como por profesionales de la salud, lo que retrasa la identificación de la enfermedad y agrava sus consecuencias físicas y emocionales.
Las organizaciones de pacientes consideran que el nuevo nombre permitirá visibilizar mejor la naturaleza metabólica y endocrina del síndrome, facilitando que las afectadas reciban atención multidisciplinaria y acceso a especialistas más allá del ámbito ginecológico.
Especialistas coinciden en que los principales retos continúan siendo mejorar el diagnóstico temprano, ampliar la investigación científica y ofrecer tratamientos integrales que atiendan tanto los síntomas físicos como el impacto emocional de una condición crónica que acompaña a muchas mujeres durante gran parte de su vida.




