El movimiento feminista en México enfrenta tensiones con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tras la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, marcada por críticas a la respuesta institucional durante las protestas del 8 de marzo.
La presencia de vallas metálicas resguardando edificios públicos, entre ellos el Palacio Nacional —sede del Ejecutivo federal—, generó inconformidad entre manifestantes que cuestionaron lo que consideran una contradicción entre el discurso oficial y las acciones del gobierno.
“¡Ábrenos, Claudia!”, exigió un grupo de manifestantes frente a las barreras colocadas alrededor de edificios gubernamentales, mientras golpeaban las láminas metálicas con martillos durante la jornada de protesta.
De acuerdo con cifras oficiales, alrededor de 120 mil mujeres marcharon en Ciudad de México. Sin embargo, muchas no llegaron al Zócalo, lugar donde tradicionalmente concluyen las movilizaciones y que este año estuvo marcado por un doble mensaje: las vallas de protección y una instalación de luces colocada por el gobierno capitalino con la frase “Ciudad feminista con las mujeres”.
Críticas a la respuesta institucional
Para algunas activistas, la combinación de medidas de seguridad y mensajes simbólicos refleja una respuesta contradictoria frente a las demandas del movimiento.
Leila, sobreviviente de violencia feminicida, señaló que mientras se refuerzan las barreras físicas, no percibe avances en materia de justicia. También criticó la instalación luminosa al considerar que intenta presentar la lucha feminista como una celebración.
Otras jóvenes manifestantes expresaron sentimientos similares. Ilhuil Xóchitl, de 18 años, afirmó que la llegada de una mujer a la presidencia le generaba expectativas, pero manifestó sentirse decepcionada por lo que consideró una respuesta represiva frente a una violencia que persiste.
En México, el promedio de mujeres asesinadas se mantiene en alrededor de diez al día desde 2018.
En los días posteriores a la movilización, la presidenta Claudia Sheinbaum reiteró su desacuerdo con los actos violentos registrados durante la protesta y atribuyó los daños a un pequeño grupo, en el que, según dijo, participaban “muchos hombres”.
La postura mantiene una línea similar a la adoptada durante su periodo como jefa de Gobierno de Ciudad de México entre 2018 y 2024, cuando las marchas feministas también estuvieron acompañadas de vallas de protección en edificios públicos.
Dispersión del movimiento
Diversas activistas también señalaron que el movimiento feminista mexicano atraviesa una etapa de dispersión, visible en convocatorias simultáneas en distintos puntos de la ciudad que fragmentan la participación.
Algunas participantes indicaron que en movilizaciones recientes, como la del 25 de noviembre, percibieron menor afluencia y situaciones en las que grupos redirigían a manifestantes hacia distintos lugares, lo que dificulta concentrar la protesta.
Activistas consideran que uno de los retos actuales del movimiento es recuperar coordinación y fortalecer convocatorias conjuntas con demandas centrales.
Al finalizar la jornada del 8 de marzo, la policía utilizó gas lacrimógeno para dispersar a las últimas manifestantes, mientras en las vallas permanecían pintadas consignas como “Claudia no es aliada” y “No llegamos todas”.




