La política arancelaria del presidente Donald Trump recibió un golpe significativo luego de que la Corte Suprema de Estados Unidos determinara, en una votación de 6 a 3, que varios de sus gravámenes a las importaciones son ilegales. El fallo abría la puerta a un repliegue que podría aliviar presiones sobre los precios, pero la Casa Blanca dejó claro que no dará marcha atrás.
Lejos de moderar su estrategia, Trump afirmó que la decisión judicial refuerza las facultades presidenciales en materia comercial. Horas después del fallo, anunció un arancel global del 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, posteriormente elevado al 15%, el máximo permitido por esa disposición.
El Gobierno también explora otras vías legales. Entre ellas, la Sección 301 —sin límites explícitos en nivel o duración— y la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, que permitiría imponer aranceles de hasta 50% a países acusados de prácticas discriminatorias. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, respaldó el enfoque y urgió a los socios comerciales a respetar acuerdos previos.
Analistas advierten que el escenario prolonga la volatilidad. Scott Lincicome, del Cato Institute, prevé “otro año de incertidumbre y caos”, al considerar que la administración utilizará cualquier herramienta disponible para sostener los aranceles.
En el frente económico, persisten dudas sobre el impacto. La inversión empresarial fuera del sector tecnológico se contrajo el año pasado, un comportamiento inusual fuera de recesiones. Asimismo, el empleo manufacturero —sector que la Casa Blanca busca impulsar— registró pérdidas significativas.
Respecto a los precios al consumidor, economistas coinciden en que el fallo difícilmente genere alivio inmediato. Empresas como Walmart no tienen incentivos claros para reducir precios, aun si se materializan eventuales reembolsos por aranceles anulados.
Aunque la Corte Suprema, encabezada por el presidente del tribunal John Roberts, marcó un precedente relevante, el futuro de la agenda comercial estadounidense sigue abierto. La tasa arancelaria efectiva podría repuntar rápidamente si la administración amplía los nuevos gravámenes, manteniendo intacta la nube de incertidumbre sobre la economía global.






