La decisión del presidente chino Xi Jinping de someter a investigación al general de más alto rango del país representa un movimiento de gran calado que lo deja prácticamente solo en la cima de la jerarquía militar. La medida plantea interrogantes profundos sobre el futuro de las fuerzas armadas más grandes del mundo y sobre las ambiciones de Beijing respecto a Taiwán, pero también deja un mensaje inequívoco: para Xi, ningún cargo es demasiado alto y la lealtad está por encima de todo.
Las investigaciones contra Zhang Youxia, vicepresidente de la Comisión Militar Central (CMC) y veterano comandante con experiencia de combate, así como contra Liu Zhenli, responsable de las operaciones conjuntas del Ejército Popular de Liberación (EPL), fueron anunciadas el sábado mediante un escueto video de 30 segundos difundido por el Ministerio de Defensa.
Un editorial posterior del Diario del Ejército Popular de Liberación acusó a ambos generales de “pisotear y socavar gravemente el sistema de responsabilidad última que recae en el presidente de la Comisión Militar Central”, una formulación que en el lenguaje del Partido Comunista sugiere una amenaza directa a la autoridad de Xi.
Las acusaciones parecen marcar el punto más alto de una purga iniciada hace más de una década, con la que Xi ha buscado eliminar focos de oposición y erradicar la corrupción dentro del aparato militar. Desde 2023, más de 20 altos mandos han sido investigados o destituidos, pero el caso de Zhang —considerado durante años un aliado intocable— evidencia hasta dónde está dispuesto a llegar el líder chino.
Zhang era visto como un “príncipe rojo”, hijo de revolucionarios, cuyos vínculos con Xi se remontan a la generación de sus padres, que combatieron juntos en la Guerra Civil china. Para analistas internacionales, su caída tiene un peso simbólico excepcional.
“Esto demuestra que nadie en ese sistema está realmente a salvo”, señaló Jonathan Czin, investigador del Brookings Institution y exanalista de la CIA. A su juicio, la purga ha alcanzado ahora las capas más altas del poder, lo que sugiere que Xi considera que la corrupción y la mala gestión en el EPL son tan profundas que requieren limpiar toda una generación de liderazgo.
Acusaciones y opacidad
Las circunstancias de la investigación siguen siendo poco claras, incluso dentro del propio ejército chino, una institución caracterizada por su hermetismo. The Wall Street Journal informó que Zhang habría sido acusado de filtrar información sensible sobre armas nucleares a Estados Unidos y de aceptar sobornos a cambio de ascensos, aunque estas versiones no han sido confirmadas oficialmente.
Algunos expertos consideran que las acusaciones podrían formar parte de una narrativa diseñada para justificar internamente la purga y contener el descontento, más que responder a hechos plenamente comprobados.
Otros analistas apuntan a que Xi pudo haber percibido a Zhang como un actor excesivamente poderoso o como un foco potencial de faccionalismo dentro del EPL. En cualquier caso, el lenguaje oficial utilizado sugiere que el elemento central es la lealtad al liderazgo supremo.
Poder consolidado
Desde su llegada al poder en 2012, Xi ha impulsado una profunda transformación del ejército, combinando modernización tecnológica, reorganización estructural y una agresiva campaña anticorrupción. El objetivo no es solo crear una fuerza capaz de competir con Estados Unidos, sino asegurar que el EPL sea, ante todo, un instrumento fiel del Partido Comunista y de su líder.
Para muchos expertos, la capacidad de Xi para destituir a figuras tan relevantes no refleja debilidad, sino fortaleza. “Es una señal clara de que su posición es inquebrantable”, afirmó James Char, del Instituto de Defensa y Estudios Estratégicos de Singapur.
Un mando en reconfiguración
La Comisión Militar Central, que tras la renovación de 2022 contaba con seis miembros uniformados, queda ahora reducida prácticamente a uno solo: Zhang Shengmin, responsable de la disciplina y la anticorrupción. Esta situación ha generado lo que analistas describen como un “estado de confusión” en la cúpula del EPL, con escasez de generales experimentados en puestos clave.
A corto plazo, Xi ha recurrido a oficiales de segundo nivel para cubrir vacantes de forma informal. Según especialistas, las operaciones cotidianas del ejército continúan sin grandes alteraciones, apoyadas en una generación más joven de oficiales, posiblemente más profesional y menos vinculada a redes de patronazgo.
Implicaciones para Taiwán
El impacto de estas purgas sobre las ambiciones estratégicas de China, en particular respecto a Taiwán, sigue siendo incierto. La investigación contra Liu Zhenli, encargado de coordinar el mando de combate, despierta dudas sobre posibles efectos en la capacidad operativa inmediata del EPL.
No obstante, algunos analistas consideran que Xi percibe este momento como políticamente seguro para “limpiar la casa”, en un contexto internacional donde la atención de Estados Unidos parece dispersa y con la mirada puesta en posibles cambios políticos en Taiwán hacia 2028.
La purga militar, lejos de ser un síntoma de inestabilidad, refuerza la imagen de un líder que concentra el poder sin contrapesos y que está dispuesto a sacrificar incluso a sus aliados históricos para asegurar un control absoluto del ejército chino.





