EFE / Tras días de encierro en sus hoteles y una semana marcada por el miedo y la incertidumbre, los turistas atrapados por el huracán Melissa comenzaron a abandonar la zona de Montego Bay, donde las operaciones comerciales en el Aeropuerto Internacional Donald Sangster se han reanudado parcialmente.
La capital de la Parroquia de Saint James, reconocida por sus playas y resorts, fue una de las áreas más golpeadas por el huracán categoría 5, que dejó al menos 28 muertos en Jamaica y severos daños en infraestructuras turísticas y viviendas.
“Teníamos miedo, pero por suerte no nos pasó nada”, contó a EFE la uruguaya Credencia Bordenave, quien debía regresar a su país el 26 de octubre. Su vuelo fue cancelado y recién pudo salir ayer en el primer avión de LATAM que despegó del aeropuerto tras reparaciones de emergencia.
Durante el paso del huracán, los turistas permanecieron confinados. “Pasamos el huracán en el hotel; no fue tan malo dentro, aunque estábamos sin conexión, con generadores de electricidad y poca agua”, relató Bordenave, hospedada en un complejo de la cadena RIU. Cuando finalmente pudo salir, encontró el recinto “devastado” y sin piscina.
La destrucción también es visible a lo largo de la autopista costera, donde los hoteles intentan remover escombros y reparar techos. Decenas de trabajadores limpian el aeropuerto, retirando árboles y planchas de metal incrustadas en palmeras.
“Fue terrible, devastador en Montego Bay. Los daños son inimaginables”, lamentó Mario Martínez, un comerciante dominicano residente desde hace una década en Jamaica. Aunque su local se salvó, asegura que la zona tardará “al menos cuatro o cinco meses” en recuperar la normalidad, siempre que llegue ayuda internacional.
Sin electricidad, agua ni internet, los habitantes usan agua del mar para limpiar los servicios y tratan de rescatar lo poco que les queda. Mientras tanto, los viajes por carretera hacia el oeste del país se vuelven interminables debido a las inundaciones y los trabajos de rehabilitación.
Pese al panorama, Martínez se muestra optimista: “Somos guerreros. Los dominicanos, cuando salimos de nuestra patria, no tenemos límite”.





