Washington.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó callar al periodista australiano John Lyons durante una breve rueda de prensa en la Casa Blanca, luego de que este lo cuestionara sobre la compatibilidad de sus negocios privados con su cargo como mandatario.
“Cállate”, respondió Trump cuando Lyons le preguntó si un presidente puede estar involucrado en tantos negocios mientras ocupa la Casa Blanca. El mandatario aseguró que no administra sus empresas, que están a cargo de sus hijos, pero luego criticó al reportero por su tono y advirtió: “Estás dañando a Australia ahora mismo (…) tu país se quiere llevar bien conmigo, tu líder vendrá a verme muy pronto y le diré que haces preguntas en un muy mal tono”.
Lyons, de 65 años y editor de la Australian Broadcasting Corporation (ABC), intentó continuar con el cuestionamiento, pero Trump cerró el intercambio llevándose el dedo a la boca y repitiendo: “Cállate”.
En una transmisión en vivo para ABC News Australia, Lyons calificó la reacción como “inadecuada” y defendió que se trataba de una pregunta legítima sobre un posible conflicto de interés.
El incidente ocurre el mismo día en que Trump presentó una demanda por difamación de 15 mil millones de dólares contra The New York Times y Penguin Random House, acusándolos de difundir información falsa sobre su historial empresarial y su carrera televisiva.
Contexto y trasfondo
- La reacción de Trump revive el debate sobre su relación con la prensa, a la que ha acusado de ser “enemiga del pueblo” desde su primer mandato.
- La mención del primer ministro australiano Anthony Albanese genera inquietud sobre si el mandatario podría usar su relación bilateral como moneda de presión ante preguntas incómodas.
- La demanda multimillonaria contra medios de comunicación también apunta a una estrategia de confrontación legal que podría tener un efecto inhibidor en el periodismo de investigación, particularmente en un año electoral.
La confrontación entre Trump y Lyons subraya un patrón: la tensión entre el presidente y los medios no solo es doméstica, sino que ahora tiene un componente internacional que podría afectar la percepción de Estados Unidos como garante de la libertad de prensa.






