El presidente estadounidense, Donald Trump, firmó recientemente un decreto que despoja de derechos de negociación colectiva a cerca de un millón de trabajadores federales sindicalizados, incluyendo empleados del Servicio Meteorológico Nacional y la NASA, alegando motivos de seguridad nacional. La medida sigue a otra orden similar emitida a principios de año para trabajadores de los departamentos de Estado, Defensa, Justicia y Salud y Servicios Humanos.

Líderes sindicales advierten que esta acción podría debilitar el impulso del movimiento laboral estadounidense, que había ganado fuerza durante la presidencia de Joe Biden. “Este es el mayor ataque contra el movimiento laboral en nuestra historia”, declaró Liz Shuler, presidenta de la AFL-CIO, y advirtió que los ataques a un sector pueden tener repercusiones en otros, incluido el sector privado.

El sector público en EE. UU. está más sindicalizado que el privado: alrededor del 19 % de los trabajadores federales civiles, fuera del Servicio Postal, pertenecen a un sindicato, frente al 6 % del sector privado. Sindicatos como la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales consideran que Trump usa el sector federal como prueba para influir en el sector privado.

Durante décadas, los sindicatos estadounidenses perdieron influencia, pero la pandemia y un mercado laboral sólido reactivaron el movimiento, con sindicalizaciones de alto perfil en empresas como Amazon, Starbucks y Apple, y mejoras contractuales en sectores como la automotriz y el cinematográfico.

A pesar de que Trump recibió apoyo de hogares sindicalizados en 2024, sus políticas han sido ampliamente anti-sindicales. Su decreto reciente no solo limita los derechos de negociación colectiva, sino que también impide deducir automáticamente las cuotas sindicales de las nóminas, obligando a sindicatos como la AFGE a recortar personal.

Los sindicalistas advierten que, si bien esta acción recuerda al despido de controladores aéreos por Ronald Reagan en 1981, sus consecuencias podrían ser aún más profundas para todo el movimiento laboral estadounidense. Hasta el momento, los sindicatos federales han presentado múltiples demandas, pero ninguna ha alcanzado una resolución definitiva. Dirigentes sindicales aseguran que están preparados para llevar la lucha también al sector privado si es necesario.

Matt Biggs, presidente de la Federación Internacional de Ingenieros Profesionales y Técnicos, afirmó: “Los sindicatos no van a desaparecer. Nos estamos fortaleciendo”.

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