El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado que planea enviar tropas federales a Portland, Oregón, en medio de las continuas protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en la ciudad.

“A petición de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, he pedido al secretario de Guerra, Pete Hegseth, que proporcione todas las tropas necesarias para proteger Portland y cualquier instalación de ICE asediada por ataques de Antifa y otros terroristas domésticos”, escribió Trump en su red Truth Social. El exmandatario aseguró que autorizó “el uso de toda la fuerza si es necesario”.

Las protestas contra el ICE han sacudido Portland desde junio, en medio de cuestionamientos sobre la detención de migrantes y las condiciones de las instalaciones. Funcionarios municipales han emitido infracciones de uso de suelo y señalado irregularidades como ventanas tapiadas. Las manifestaciones han incluido pintas en edificios y, en ocasiones, enfrentamientos violentos con agentes federales que han respondido con balas de goma, gas lacrimógeno y descargas eléctricas.

En agosto, un grupo de manifestantes incluso exhibió una guillotina durante una protesta, lo que tensó aún más la relación con las autoridades.

Portland ha sido ciudad santuario desde 2017, lo que significa que limita la colaboración con autoridades federales en la aplicación de leyes de inmigración. Esto ha sido fuente de conflicto con la administración de Trump, que ya había enviado tropas a Los Ángeles durante protestas similares en junio y confrontado a autoridades en Nueva Jersey en mayo.

En agosto, la fiscal general Pam Bondi advirtió al alcalde de Portland, Keith Wilson, que su jurisdicción “frustra la aplicación de la ley federal de inmigración en detrimento de los intereses de Estados Unidos”. El fiscal municipal de Portland, Robert Taylor, respondió en carta oficial que la ciudad cumple con las leyes estatales y federales aplicables.

El anuncio de Trump abre un nuevo frente de tensión entre el gobierno federal y las ciudades santuario, mientras crece el debate sobre el uso de fuerzas militares en el control de protestas civiles.

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