El ex primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, llamó a México y Canadá a responder con firmeza, sin sobrerreaccionar, frente a la postura del presidente estadounidense, Donald Trump, en la revisión del T-MEC.

Durante la 89 Convención Bancaria en Cancún, planteó que la alineación entre ambos países es condición para sostener capacidad de negociación. La unidad funciona como mecanismo de presión frente a una estrategia estadounidense basada en generar incertidumbre.

Definió el proceso actual como revisión, no como renegociación estructural. El tratado permanece vigente; el riesgo principal es la inestabilidad percibida, que inhibe decisiones de inversión de largo plazo.

Identificó la incertidumbre como instrumento deliberado de Washington para erosionar la confianza que ha sostenido flujos de capital hacia México y Canadá. Ese efecto se revierte sobre Estados Unidos al afectar su propia previsibilidad como mercado.

Señaló la necesidad de establecer líneas no negociables. La lógica de Trump responde a esquemas de presión máxima que asumen resistencia equivalente de sus contrapartes.

En el plano político, Trudeau afirmó que en Canadá hubo reacción social adversa tras sugerencias de anexión como “estado 51”. La respuesta incluyó reducción de consumo y movilidad hacia Estados Unidos, reflejando impacto directo en la relación bilateral.

Conclusión operativa: mantener coordinación México-Canadá, limitar escalamiento retórico, fijar límites claros y neutralizar la incertidumbre como herramienta de negociación.

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