Durante cuatro días de agosto del año pasado, las aguas del Golfo de Maine, en Estados Unidos, se tiñeron de un rojo intenso. Aunque muchos pensaron que se trataba de una proliferación de algas tóxicas, en realidad fue parte de un experimento científico destinado a probar una técnica para que el océano capture más carbono.
Un equipo encabezado por el oceanógrafo Adam Subhas liberó cerca de 65.000 litros de productos químicos alcalinos marcados con un colorante rojo en el mar. El objetivo era probar el método conocido como aumento de la alcalinidad oceánica (OAE), que busca incrementar la capacidad natural del océano para absorber dióxido de carbono de la atmósfera.
Los océanos ya almacenan enormes cantidades de carbono —aproximadamente 38 billones de toneladas— en forma de bicarbonato disuelto. Según los investigadores, aumentar ligeramente su alcalinidad mediante compuestos químicos podría permitir que absorban aún más dióxido de carbono.
Experimento en mar abierto
La prueba se realizó a unos 80 kilómetros de la costa de Massachusetts con autorización de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos y bajo supervisión de la Institución Oceanográfica Woods Hole.
Durante cinco días, los científicos monitorearon la dispersión del hidróxido de sodio liberado mediante vehículos submarinos autónomos, sensores y planeadores robóticos.
Las mediciones indicaron que cerca de diez toneladas de carbono fueron absorbidas por el océano durante el experimento. Además, el pH del agua aumentó de 7.95 a 8.3, acercándose a los niveles preindustriales.
El estudio no detectó daños aparentes en organismos como plancton, peces y larvas de langosta. Sin embargo, los investigadores reconocieron que no se evaluaron posibles efectos en peces adultos o mamíferos marinos.
Debate científico y ambiental
La técnica ha generado debate entre expertos. Algunos advierten que intentar resolver problemas ambientales mediante la liberación de químicos en el océano podría implicar riesgos.
Benjamin Day, de la organización ambiental Amigos de la Tierra, expresó preocupación por el hecho de que aplicar esta tecnología a gran escala podría tener “consecuencias imprevistas y catastróficas”.
Otros científicos sostienen que el planeta ya enfrenta un experimento climático involuntario debido a las emisiones de dióxido de carbono.
El especialista en descarbonización Phil Renforth, de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo, planteó que la cuestión es si la humanidad puede intervenir de manera más activa para gestionar el problema.
Posible herramienta contra el cambio climático
Aunque la idea de usar compuestos alcalinos no es nueva —en la antigua Grecia los agricultores empleaban cal para reducir la acidez del suelo—, su aplicación en el océano aún está en fase experimental.
Según estimaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), si esta tecnología pudiera aplicarse a gran escala, podría eliminar entre 1.000 y 15.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año de la atmósfera.
Los investigadores señalan que el experimento fue deliberadamente pequeño para garantizar la seguridad y transparencia del proceso. En el mejor de los casos, estiman que la nube química liberada podría absorber alrededor de 50 toneladas de dióxido de carbono en un año, una cantidad equivalente a las emisiones anuales de aproximadamente cinco ciudadanos británicos.





