Tercero federal

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Por Carlos Silva, La lengua de Dante

Me gusta mucho la actitud con la que el ingeniero Loyola, Nacho para sus más cercanos, ha arrancado éste nuevo reto que significa salir a competir por un distrito federal de mayoría nada fácil para el panismo.

En primer lugar, porque el hecho habla muy bien del ex gobernador al no buscar un espacio fácil, como lo habría sido por ejemplo la posibilidad de competir por el cuarto distrito federal, que comprende la otra mitad del municipio capitalino y en el que el PAN ha ganado, y gana, a pesar de literalmente postular a auténticos monigotes.

Mejor aún, habla el hecho de que el ingeniero Loyola no salió con la belleza de exigir ser postulado en un espacio seguro como le habría significado ir montado en una diputación plurinominal. Nada de eso, sale como uno más, a recuperar un espacio que ha representado siempre, alguna serie de complicaciones para el panismo local.

De 1997 a la fecha, en las últimas ocho elecciones por ese distrito, seis de ellas las ha ganado el PAN, habiendo perdido la posición solamente Arturo Maximiliano García frente al priísta Alfredo Lugo Oñate y más recientemente, Alejandro Cano frente al embate de la ola que encumbró a Beatriz Robles de Morena.

Sin embargo, las características de los distritos locales o de la zona que conforma a dicho distrito, es muy disímbola, lo que ha generado también una alternancia local prácticamente entre los candidatos que han postulado el PAN, PRI y ahora Morena, lo que hace de ese distrito un espacio nada fácil y es a lo que se habrá de enfrentar Nacho Loyola.

Hay que recordar que Ignacio Loyola llega a la gubernatura en 1997 como un candidato externo del PAN, pues la inmensa mayoría del panismo local le apostaban ya desde entonces, al triunfo en la presidencia municipal capitalina con Paco Garrido, al que consideraban como “más suyo”, sin embargo, Loyola dio el campanazo y se hizo con la primer gubernatura para el PAN dando cuenta de un “peso pesado” como lo era Fernando Ortíz Arana a lo que muchos trataron de encontrar una y mil explicaciones.

Como gobernador, Nacho Loyola se distinguió por el candor de su personalidad, siempre amable y tuvo un gobierno ciertamente discreto, que le permitió al PAN preparar las siguientes generaciones de panistas para refrendar la gubernatura y mantener algunos espacios de forma sostenida como lo fueron ciertas diputaciones locales y las alcaldías de los principales municipios, como lo han sido Querétaro, San Juan del Río y Corregidora.

Nacho terminó su gubernatura sin contratiempos y sin dificultades, sin un desgaste que cada vez es más notorio en los gobiernos que concluyen sus tareas y responsabilidades y eso le ha permitido ser un ex gobernador que puede seguir transitando tranquilamente por las calles de nuestra ciudad y ser abordado para saludarle por cualquier vecino, algo es claro, es y ha sido uno de los gobernadores más queridos y con mejor recuerdo entre los queretanos; guardando las comparaciones, es algo muy similar a lo que ocurre con el priísta Enrique Burgos también de grata memoria entre la ciudadanía.

Ahora Nacho se prepara para una situación inédita en los nuevos tiempos, la de ver a un ex gobernador salir a competir por un espacio en momentos en los que las condiciones no son las mejores para el panismo, al menos no en la zona por la que

pretende ser diputado federal, no obstante, fiel a su raigambre, él está echado para adelante.

El ingeniero Loyola les pone el ejemplo a esas nuevas generaciones que buscan competir, sí, pero en las condiciones más cómodas o bien, que buscan el resguardo luego de las trapacerías en las que incurrieron, en posiciones plurinominales que les permitan un buen cobijo, pero sin tener que someterse a la ácida prueba de una nueva elección de mayoría en la que, previsiblemente, perderían.

No le deseo suerte al ingeniero Loyola, porque no la necesita, el hombre trabaja y sabe hacerlo muy bien, le deseo el mayor de los éxitos en ésta nueva aventura electoral, él es, a todas luces, un candidato de lujo para ese complicado distrito.

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