El cempasúchil, flor emblemática del Día de Muertos y símbolo de la identidad mexicana, enfrenta hoy un riesgo creciente: el desplazamiento de las variedades criollas por semillas híbridas de origen chino que ya dominan gran parte del mercado nacional.

Originaria de Mesoamérica, la flor de cempasúchil ha sido cultivada durante siglos en México y Centroamérica. Sin embargo, especialistas advierten que el uso de semillas importadas —principalmente la variedad híbrida Marigold— podría poner en peligro la conservación genética de las especies nativas, además de generar pérdidas económicas para los productores locales.

El ingeniero agrónomo Gael Manceras explicó que más del 50% de las plantas que hoy se producen en México provienen de semillas importadas. Estas variedades, aunque más baratas y de rápido crecimiento, no son fértiles y no permiten obtener nuevas semillas, lo que obliga a los productores a comprar cada temporada.

Las flores nativas, por el contrario, pueden alcanzar hasta dos metros de altura, poseen un color más intenso, un aroma característico y una vida útil más prolongada. “Las semillas criollas representan la esencia de la tradición mexicana, pero están siendo desplazadas por opciones híbridas de menor calidad cultural y biológica”, señaló Manceras.

Según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en 2023 se produjeron más de 21 mil toneladas de flor de cempasúchil y 2.3 millones de plantas. No obstante, los especialistas advierten que la expansión de la semilla híbrida ha reducido el espacio destinado a las variedades mexicanas, afectando tanto el valor del producto como la identidad agrícola nacional.

Las diferencias también son visibles para los consumidores: mientras las flores de semilla china se venden entre 15 y 30 pesos por planta, las criollas pueden alcanzar precios de hasta 150 pesos por su aroma, color y duración.

A nivel cultural, el impacto podría ser irreversible. “Si la semilla criolla desaparece, no solo se perderá una fuente de ingresos para cientos de familias, sino también un símbolo de nuestra conexión con la tierra y con los muertos”, advirtió el especialista.

Actualmente, México destina cerca de 3,000 hectáreas a la siembra de cempasúchil. Sin embargo, si continúa el avance de las semillas híbridas, los productores podrían dejar de cultivar esta flor tradicional, debilitando una práctica que durante generaciones ha iluminado los altares y el recuerdo de los difuntos.

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