Hace unos 400 millones de años, mucho antes de la aparición de los dinosaurios e incluso de los árboles, un organismo gigante se alzaba sobre el paisaje terrestre. Con hasta nueve metros de altura, Prototaxites ha desconcertado a la ciencia desde su descubrimiento hace más de siglo y medio. Hoy, una nueva investigación plantea que no fue planta, animal ni hongo, sino una forma de vida multicelular completamente distinta a cualquier grupo conocido.

El estudio, encabezado por el paleontólogo Corentin Loron, de la Universidad de Edimburgo, y publicado en Science Advances, analizó fósiles hallados en el Rhynie chert, un yacimiento excepcional del Devónico temprano ubicado en Escocia. Este sitio, que fue una antigua fuente termal, conserva con gran precisión organismos que colonizaron la tierra firme hace 400 millones de años.

Los investigadores examinaron la composición química y estructural de tres fósiles de Prototaxites y encontraron que carecen de biomarcadores clave presentes en hongos fósiles del mismo entorno, como restos de quitina y glucanos. Esta diferencia química, sumada a patrones internos de ramificación no observados en ningún hongo actual o extinto, refuerza la hipótesis de que Prototaxites pertenece a una línea evolutiva independiente.

Durante décadas, el organismo fue interpretado de distintas maneras. En el siglo XIX se creyó que era madera en descomposición; después se le comparó con líquenes o grandes hongos, debido a su estructura tubular y a la ausencia de fotosíntesis. Sin embargo, los nuevos análisis indican que esas comparaciones no encajan con la evidencia actual ni con el conocimiento moderno del árbol de la vida.

Especialistas externos al estudio, como Kevin Boyce, de la Universidad de Stanford, coinciden en que Prototaxites consumía carbono del ambiente, pero subrayan que su antigüedad lo coloca fuera de las categorías evolutivas conocidas. Otros investigadores, como Marc-André Selosse, del Museo de Historia Natural de París, señalan que aún es prematuro cerrar el debate, ya que solo se ha analizado una de las más de 25 especies identificadas de Prototaxites.

A pesar de los avances, persisten incógnitas fundamentales: cómo se anclaba al suelo, cómo mantenía su estructura vertical y cuál era exactamente su metabolismo. El equipo de Loron planea ampliar el estudio a otros organismos tubulares fósiles para esclarecer su lugar en la historia de la vida.

Prototaxites permanece, por ahora, como uno de los mayores enigmas de la paleontología: un organismo dominante en los primeros ecosistemas terrestres, cuya existencia sugiere que la evolución temprana de la vida multicelular fue más diversa de lo que hoy se reconoce.

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