La degradación de ecosistemas está modificando el comportamiento de los mosquitos y aumentando su contacto con las personas. Una investigación realizada en la Mata Atlántica de Brasil documenta que, ante la pérdida de fauna silvestre por deforestación y fragmentación del hábitat, estos insectos recurren con mayor frecuencia a los humanos como fuente de sangre, incluso dentro de áreas forestales protegidas.

El estudio, encabezado por Jeronimo Alencar, investigador del Instituto Oswaldo Cruz, analizó mosquitos capturados en dos reservas naturales del estado de Río de Janeiro. Los resultados muestran una preferencia marcada por alimentarse de personas en un entorno que históricamente ofrecía una alta diversidad de huéspedes vertebrados.

Según los investigadores, la presión ambiental reduce las opciones naturales de alimentación. “Con menos opciones disponibles, los mosquitos buscan fuentes alternativas por conveniencia; los humanos se vuelven el huésped más frecuente”, explicó Sergio Machado, de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Este patrón incrementa de forma directa el riesgo de transmisión de patógenos.

Para identificar el origen de la sangre, el equipo capturó 1,714 mosquitos y analizó en laboratorio a las hembras que se habían alimentado recientemente mediante secuenciación de ADN. De los 145 ejemplares con sangre, en 24 fue posible identificar su procedencia: 18 humanos, seis aves, un anfibio, un perro y un ratón. En algunos casos se detectaron comidas mixtas, lo que complicó el análisis.

La investigación subraya además vacíos relevantes: menos del 7 % de los mosquitos había ingerido sangre recientemente y solo en alrededor del 38 % de esos casos se logró identificar la fuente. Las comidas de múltiples especies resultaron especialmente difíciles de caracterizar, lo que apunta a la necesidad de estudios más detallados.

La advertencia sanitaria es clara. En la Mata Atlántica, los mosquitos son vectores de enfermedades como fiebre amarilla, dengue, chikungunya, Zika, Mayaro y Sabiá. El aumento del contacto humano-insecto eleva la probabilidad de brotes y exige respuestas de vigilancia focalizada.

Los autores concluyen que conocer la preferencia alimentaria de los mosquitos permite anticipar riesgos y orientar medidas de prevención y control que integren la salud pública con la conservación de los ecosistemas.

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