La ópera Sancta, de la creadora Florentina Holzinger, ha generado una fuerte controversia en Bélgica al presentar escenas con actrices desnudas caracterizadas como monjas en una propuesta escénica que mezcla simbolismo religioso, sexualidad y performance contemporáneo.

El obispo de Amberes, Johan Bonny, calificó la producción como “grotesca” y acusó a la obra de “pisotear el cristianismo”, al considerar inapropiado el uso de elementos como la Eucaristía o la crucifixión en un contexto que, dijo, ridiculiza la fe, especialmente durante la Semana Santa.

La pieza se presenta en la Ópera Ballet Vlaanderen, donde su director artístico, Jan Vandenhouwe, defendió el montaje y pidió evitar una “caza de brujas” contra el arte feminista. Además, invitó al obispo a presenciar la obra, invitación que fue rechazada.

La producción, que se exhibe hasta el 9 de abril, incluye escenas explícitas como monjas tatuadas patinando desnudas, representaciones simbólicas de la crucifixión y expresiones de afecto entre mujeres. Según sus creadores, se trata de una reflexión sobre la liberación espiritual y sexual, así como una reinterpretación del papel de la mujer dentro de la tradición católica.

La obra retoma el libreto Sancta Susanna de Paul Hindemith, estrenado en 1922 y ya polémico en su época por abordar la represión sexual en la vida religiosa.

La controversia también alcanzó el ámbito político, con críticas del diputado Filip Dewinter, quien calificó la puesta en escena como un “circo anticristiano”.

Mientras tanto, sus defensores sostienen que la obra se inscribe en la tradición artística occidental que ha reinterpretado durante siglos la iconografía religiosa, abriendo el debate sobre los límites entre libertad artística, crítica cultural y respeto a las creencias.

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