El rosto desencajado, los gritos y los golpes sobre el parquet de Tyrese Haliburton, en el estadio de Oklahoma City Thunder, en el juego 7 de la final de la NBA, tras romperse el tendón de Aquiles, resultó una escena de un impacto tan brutal que recorrió el mundo. Apenas habían transcurrido siete minutos del partido y la estrella de Indiana Pacers, que no estaba pleno físicamente desde que en el quinto choque de la serie sufriese una distensión en su gemelo derecho, cayó desplomado e inquietó a todos.
Haliburton tuvo que ser ayudado para llegar a los vestuarios, desde donde vio por televisión cómo se le escapaba el anillo ante los Thunder. Según contó su padre, Tyrese estaba destrozado anímicamente y sabía que la gravedad de su lesión lo llevaría al quirófano.
Tras ser operado en Indiana, Haliburton habló acerca de sus sensaciones después de semejante situación y eligió sus redes sociales para hacerlo: “No sé cómo explicarlo, salvo por la sorpresa. No hay palabras para expresar el dolor de esta decepción. La frustración es inconmensurable. He trabajado toda mi vida para llegar a este momento, ¿Y así es como termina? No tiene sentido”, escribió en su cuenta de Instagram.





