Los fármacos para bajar de peso ya no compiten únicamente por cuántos kilos logran reducir, sino por la sostenibilidad del descenso, la tolerancia al tratamiento y los beneficios reales para la salud. En 2026, una nueva generación de medicamentos —que incluye píldoras orales y combinaciones hormonales más potentes— podría modificar el escenario dominado actualmente por Ozempic y Zepbound, aunque los ensayos clínicos aún dejan preguntas abiertas.
La conversación médica ha cambiado. Hoy se discute cuánto peso se pierde, qué tan duradero es el efecto y con qué perfil de seguridad se alcanza. Los nuevos fármacos antiobesidad persiguen tres objetivos centrales: lograr pérdidas de peso promedio cercanas o superiores al 20% del peso corporal, mejorar la tolerancia con menos efectos gastrointestinales y ofrecer formatos más prácticos, como medicamentos orales, que faciliten la adherencia.
Un referente clave es el retatrutide, un fármaco experimental de acción triple que, según un ensayo fase 2 publicado en Nature Medicine en 2023, logró una reducción promedio de peso de 24.2% a las 48 semanas en la dosis más alta. Este resultado marcó el rumbo de la llamada “segunda generación” de tratamientos contra la obesidad.
Dos rutas principales en la carrera de 2026
La nueva ola de medicamentos avanza por dos caminos. El primero apuesta por píldoras tipo GLP-1, sin inyecciones. El ejemplo más destacado es orforglipron, de Eli Lilly, un agonista GLP-1 oral que, de acuerdo con análisis publicados en Cardiovascular Diabetology, no solo favorece la pérdida de peso, sino que mejora marcadores cardiometabólicos como presión arterial y perfil lipídico.
La segunda ruta se centra en combinaciones y agonistas dobles o triples, diseñados para activar más de una vía hormonal y aumentar la sensación de saciedad. Aquí el desafío es la tolerancia. Retatrutide encabeza esta línea, pero no es el único.
Las apuestas de Novo Nordisk
Novo Nordisk impulsa dos candidatos clave. Amycretin combina GLP-1 y amilina en una sola molécula. En 2025, The Lancet publicó resultados que evaluaron su seguridad, tolerabilidad y efectos en el peso hasta 36 semanas. La compañía anunció que tanto su versión subcutánea como oral avanzarán a fase 3 en 2026.
El segundo fármaco es CagriSema, que combina cagrilintida y semaglutida. Un ensayo fase 3 reportó una reducción promedio de peso de 22.7%, una cifra elevada, aunque por debajo del objetivo interno de 25%. El debate se centró menos en la eficacia y más en la tolerancia, ya que no todos los participantes alcanzaron la dosis más alta.
¿Superarán realmente a Ozempic y Zepbound?
Hablar de “superar” requiere matices. Los nuevos fármacos deberán demostrar tres aspectos clave: mantenimiento del peso a largo plazo, seguridad más allá de los efectos gastrointestinales y beneficios clínicos mayores, como reducción del riesgo cardiovascular, hígado graso o apnea del sueño.
Los datos actuales muestran un potencial notable, pero también subrayan que la adherencia y el seguimiento médico serán tan importantes como la eficacia.
El llamado a no automedicarse
Especialistas insisten en que estos medicamentos no son “pastillas milagro”. Su uso implica riesgos de náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento, además de la necesidad de ajustes graduales de dosis y supervisión médica. Estudios y revisiones médicas coinciden en que su efectividad y seguridad dependen de una correcta selección de pacientes y de un enfoque integral que incluya cambios en la alimentación y la actividad física.
La nueva generación de fármacos que llegará a ensayos decisivos en 2026 refleja un cambio profundo en el tratamiento de la obesidad. Más que una carrera por vencer a Ozempic o Zepbound, plantea una pregunta central: cómo integrar estas terapias de forma segura, responsable y sostenible en la vida real de los pacientes.


