Hay fines de semana que quedan fijados en la memoria familiar para siempre. Para los Pellegrino, padre e hijo, este fue uno de ellos. Apenas horas después de que Mauricio levantara su primer título como director técnico al frente de Lanús en la Copa Sudamericana, Mateo, desde Italia, redondeó una actuación que empieza a definir su temporada: doblete para que Parma venciera 2-1 a Hellas Verona, cortara una racha adversa de siete partidos y escapara de la zona roja de la Serie A.
Es una imagen perfecta. Mauricio, en Asunción, celebrando una consagración continental que tiene sabor a reivindicación personal. Y Mateo, en el Stadio Marcantonio Bentegodi, atacando, presionando y marcando como si los destellos de la coronación granate le hubiera llegado hasta Italia. Un domingo inolvidable y perfecto para ambos.
Parma necesitaba ganar. Casi con urgencia. Después de siete jornadas sin conocer la victoria en el certamen local, las alarmas habían empezado a sonar. Pero el equipo reaccionó, y lo hizo donde más cuesta: como visitante. Y gracias a que Mateo Pellegrino jugó uno de esos partidos que quedan en el recuerdo personal.
Titular desde el arranque, el delantero argentino abrió el marcador a los 18 minutos, con un gol a pura intuición. Tras un rebote en el área, buscó la pelota como un nueve clásico y la empujó de cabeza. Ese gol, que más que adelantar a Parma, alivió presiones.
Verona llegó al 1-1 en el segundo tiempo, y el partido parecía encaminarse hacia un empate que no le servía a nadie. Hasta que apareció otra vez Pellegrino. Por mérito propio (su sentido de ubicación), pero también por leer mejor que el resto un error increíble de la defensa rival.
A los 65’, un jugador del Hellas intentó un pase de cabeza hacia su propio campo desde la mitad de la cancha. Lo hizo con tanta potencia que superó a todos los defensores y dejó a Pellegrino en posición ideal. Un regalo que el exPlatense recibió con gusto.
El argentino, que volvía de la jugada anterior, quedó mano a mano. Controló, levantó la cabeza y definió con una sutileza perfecta por encima del arquero. Esa acción silenció el estadio y le dio a Parma un triunfo imprescindible.





