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La diversidad cultural se expresó en música, en la XXX FILAH

Si hay algo que expresa la gran diversidad cultural de nuestros pueblos es la música, así lo concibió la XXX Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH) que en 11 días presentó una amalgama de colores y sonidos expresados por la más variada presencia de autores e intérpretes, dando cabida a empíricos y de academia.

En el Auditorio Jaime Torres Bodet, el músico michoacano, compositor de pirékuas, José Cortés Toral, recibió el “Diploma al Mérito” que le otorgó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el marco del XV Foro Internacional de Música Tradicional Mexicana, de manos de Rebeca Díaz Colunga, encargada de la Coordinación Nacional de Difusión (CND)

Para cerrar con broche de oro la decimoquinta edición del foro, que se desarrolla año con año, en el marco de la FILAH, este sábado 5 de octubre, Mateo de Gaona Sánchez, danzante de Quetzales de Zozocolco de Hidalgo, Veracruz, recibió también dicho reconocimiento por su labor de mantener viva esta danza. El diploma le fue entregado por Mayra Mendoza, encargada de la Dirección de Divulgación de la CND.

Cortés Toral nació en 1937, es campesino y pireri en Angahuan, Michoacán; sobrevivía de sembrar maíz, pero dice que “ya no deja” y desde hace cuatro años comenzó a cultivar oyamel, cuya producción este año piensa vender como árboles navideños. Él escribe sus pirekuas de las historias que le cuenta la gente de su pueblo p´urhépecha; si un amigo le platica fracasos y triunfos, una decepción o una alegría, de ahí toma la historia y luego va buscando los tonos del ritmo.

“Una pirekua puede ser triste o alegre, depende de cómo alguien le cuente a uno algo, si platica que le va mal, la pirekua va a salir medio triste, pero si cuenta buenas cosas, va a ser alegre”, dice don José tras comentar  que Angahuan es un pueblo sencillo, a donde la gente llega para ver el volcán Paricutín.

En tanto, Gaona Sánchez nació en 1945, es totonaco, campesino, músico y maestro de la danza de los Quetzales de Zozocolco de Hidalgo, Veracruz. Desde los ocho años de edad comenzó en el oficio de músico y danzante.

Él no cuenta con parcela, toda su vida ha rentado tierra para sembrar maíz, frijol, calabaza, plátano, chayote y caña, y complementa sus ingresos elaborando y vendiendo artesanías; es poseedor de un conocimiento integral de la danza de Quetzales, compuesta por más de 40 sones, los cuales aprendió de memoria y ahora los enseña a los jóvenes.

La mayoría de músicos tradicionales en México son personas muy humildes con muchas necesidades, viven en la pobreza, dice el antropólogo Benjamín Muratalla, subdirector de la Fonoteca del INAH y coordinador del foro; advierte que “los investigadores muchas veces olvidamos que son creadores, y es necesario un mayor reconocimiento, no sólo mediante la divulgación de su música, sino también económicamente.

“Con la idea de reconocer a los más posibles, porque son muchos en todo el país, cada año, el Foro de Música Tradicional entrega un diploma y una cantidad monetaria simbólica a un músico, este año fueron tres. Se elige principalmente a intérpretes y compositores de edades avanzadas, pensando en que son herederos de un legado musical tremendo. Cada músico tradicional, calculamos, se sabe de memoria unas 150 piezas, aprendidas a lo largo de su vida, que se las han transmitido sus mayores, padres y abuelos.

“La danza de Quetzales ha estado a punto de desaparecer, y don Mateo de Gaona se ha preocupado mucho por recuperarla, hace una importante labor para conservar sus tradiciones y enseñarlas a las nuevas generaciones”.

Muratalla explica que las danzas son de índole colectiva y cohesionan a una sociedad, amén que tienen que ver con la religiosidad de la población porque se acostumbran en las ceremonias religiosas y las mayordomías.

Asimismo, “tienen muchos significados y encierran diversidad de mitos, sistemas estructurados de símbolos que explican de dónde venimos y hacia dónde vamos. La ciencia no tienen respuesta para todo lo que es el ser humano, no ha demostrado los orígenes de la vida; casi todos los pueblos lo atribuyen a los dioses, a partir de un apego al entorno, a los elementos naturales: el sol, la luna, las estrellas, el agua, el fuego, la tierra, el viento.

“La danza es eso, los elementos de la naturaleza unidos y repetidos por el ser humano. Por eso los danzantes se invisten de seres diferentes: dioses, flores, soles, aves, porque de esa manera representan esa manera de ver la vida”, refiere el subdirector de la fonoteca.

Políglotas musicales se roban el corazón del Foro Cultural en la FILAH

La agrupación musical Pasatono llegó al corazón de la audiencia en el Foro Cultural de la XXX FILAH, en el noveno día de actividades.

A partir de la idea original del compositor Carlos Chávez, quien en 1933 hizo una orquesta con instrumentos indígenas y música inspirada en los pueblos originarios, se creó Pasatono Orquesta Mexicana (POM), como el sonido fuerte del tambor que invita al mitote. La agrupación une dos mundos históricamente separados: el de las músicas indígenas y las de la academia, así lo explica su director, el músico mixteco Rubén Luengas Pérez.

Nuestro mitote, dice, “es una invitación a revalorar la música indígena, no como folclórica sino como tradicional y que puede estar en un festival, sin ser repetitiva, aburrida, monótona, desafinada, como se le ha calificado. De manera que podemos entablar un diálogo con la música de nuestros compositores fundacionales como Carlos Chávez, Luis Sandi, Blas Galindo, entre otros.

“POM sonará las caracolas, el huéhuetl, los tambores, para que todos los oídos nos escuchen y todos los ojos nos vean, porque en los pueblos se conoce la importancia de la memoria. Por eso sabemos quiénes fuimos y quiénes somos”, comenta Luengas al explicar que la orquesta se integra por músicos mixtecos, zapotecos, chinantecos, mixes, afromestizos, punks, roqueros, “todo ese sector social que en algún momento ha sido discriminado, invisibilizado, y estamos aquí para decir que nuestra música tiene un nivel óptimo, de salas de concierto”.

Por esa razón, su director los autodefine como músicos bilingües, “así como cada uno habla dos o tres lenguas, también lo hacen en el ámbito musical. El lenguaje de la música tradicional en nuestro pueblo es sin partituras, pero podemos leerlas, al igual que las distintas claves, y dirigir una orquesta, somos poliglotas musicales”.

La agrupación presentó un programa de fandango para la fiesta de los libros, con algunas piezas tristes porque también están de luto, dado el reciente fallecimiento del pintor Francisco Toledo, quien los apoyó siempre. A él deben en mucho la grabación de su disco Mitote, el cual será presentado a finales de octubre en el Palacio de Bellas Artes, en un concierto que, como el ofrecido en la FILAH, estará dedicado al artista oaxaqueño, a quien también se ofrendó esta feria editorial.