Warren Buffett, el legendario director ejecutivo de Berkshire Hathaway Inc. (NYSE:BRK-A) (NYSE:BRK-B), es ampliamente considerado como uno de los mayores inversores de la historia. Pero detrás de su éxito sin precedentes, el “Oráculo de Omaha” también ha sabido reconocer con humildad los errores que marcaron su trayectoria y que hoy sirven como lecciones universales para el mundo financiero.
Errores que costaron miles de millones
Uno de sus mayores arrepentimientos, confesó en una entrevista con CNBC en 2010, fue la compra de Berkshire Hathaway, la empresa que irónicamente lo haría famoso. Buffett admitió que la decisión fue impulsada por el despecho y no por el análisis racional, calificándola como “la acción más tonta” que jamás compró. Ese arrebato, calculó después, le costó alrededor de 200.000 millones de dólares en valor potencial.
Años más tarde, repitió un error similar al adquirir Waumbec Mills en 1975, otra empresa textil en declive que terminaría cerrando. Y su lentitud para vender acciones de la minorista británica Tesco le costó a Berkshire una pérdida de 444 millones de dólares.
Otro golpe significativo llegó con la compra de Dexter Shoe Co. en 1993. La operación no solo resultó ruinosa, sino que Buffett pagó con acciones de Berkshire que décadas después habrían valido 5.700 millones de dólares.
Oportunidades perdidas y lecciones duraderas
Los errores del inversor no se limitaron a adquisiciones fallidas. Buffett reconoció haber subestimado el potencial de gigantes tecnológicos como Amazon y Alphabet (Google), pese a admirar sus modelos de negocio. Su omisión le impidió aprovechar uno de los mayores auges bursátiles de la era moderna.
También asumió pérdidas millonarias, como los 873 millones de dólares invertidos en Energy Future Holdings, o la sobrevaloración de ciertas divisiones manufactureras y minoristas.
La enseñanza del Oráculo de Omaha
Pese a los tropiezos, Buffett ha insistido en que cada error fue una “matrícula pagada por aprender”. Su filosofía recuerda a los inversores que el orgullo, la emoción o la indecisión son enemigos del buen juicio financiero.
En un mundo donde la rentabilidad suele medirse en dólares, Buffett demuestra que el verdadero valor está en la capacidad de reconocer los errores, aprender de ellos y seguir invirtiendo con humildad.




