El chef guanajuatense Eduardo “Lalo” García (1977) nunca imaginó que, al comenzar como lavaplatos en Atlanta a los 16 años, iniciaba una trayectoria que lo llevaría a convertirse en uno de los cocineros más reconocidos de México y a obtener, este 2025, una estrella Michelin con su restaurante Máximo en la Ciudad de México.
“Yo no me metí a trabajar a la cocina porque pensé que las estrellas existían. Yo me metí por necesidad, jamás pensé que eso sería a lo que me iba a dedicar toda mi vida”, compartió en entrevista con EFE.
Infancia migrante y trabajo en el campo
Migró a Estados Unidos a los 9 años y trabajó en el campo recogiendo fruta y verdura, donde sufrió los efectos de los pesticidas en su salud: pérdida de cabello y problemas en la piel. Su padre falleció por un cáncer gastrointestinal relacionado con esos químicos.
Por ello, García critica la criminalización de la migración, recordando que los mexicanos en EE.UU. realizan “los trabajos que nadie más quiere hacer”. También subrayó que gran parte de la migración ha sido “casi forzada”, pues los gobiernos no han garantizado condiciones justas para quienes viven del campo.
“El tratado de libre comercio trajo beneficios, pero también devastó el campo mexicano: volvió baratas las ganancias y caro sembrar. Muchos agricultores se fueron al campo estadounidense, como mi familia”, recordó.
La deportación que lo regresó a México
Tras dos deportaciones (2000 y 2007), García decidió no volver a cruzar la frontera y apostar por México. Ese fue el inicio de lo que hoy llama el “sueño mexicano”:
“México es un país con oportunidades, sí existe el sueño mexicano. Lo más importante ni siquiera es tener dinero, lo más importante es creer en ti”, afirmó.
En su restaurante Máximo, fusiona cocina mexicana con técnicas francesas y desde 2015 figura en la lista de los Latin America’s 50 Best Restaurants. Además, ha sumado a su equipo a migrantes que regresaron de EE.UU. con experiencia en la cocina.
Más allá de las estrellas
Lalo García asegura que los premios y reconocimientos son fruto del trabajo colectivo: “Solo no lo hubiera podido lograr”.
Como embajador de Save the Children, organiza unas 20 cenas benéficas al año en apoyo a la organización, convencido de que el compromiso social debe ser parte de la gastronomía.
“Yo fui un niño migrante y por eso esta causa me tocó el corazón. Mi sueño es que todos los restauranteros hagan al menos una cena al año para Save the Children”, compartió.