La pensión de Celia

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Por Carlos Silva, La lengua de Dante » @LalenguadeDante

Cuando alguien comienza su vida laboral, no se detiene a revisar si los beneficios y derechos laborales que se le habrán de comenzar a otorgar son justos o no, es más, casi nadie que se contrata por primera ocasión se detiene a pensar en el día que habrá de llegar la jubilación y sin embargo, en no pocas ocasiones, tal situación, llega a ocurrir.

Ahora bien, si se tiene la suerte de encontrar un trabajo que permita a la gente la posibilidad de mantenerse empleado de forma permanente e ininterrumpida, de seguir creciendo, escalafonando y de desplegar una trayectoria o carrera, esa sin duda, es una gran suerte que requiere de esfuerzo, tenacidad y paciencia para poder construir propiamente una carrera, en la rama que sea, en los ámbitos público y privado.

Sin embargo, no se trata tan solo de tener buena suerte, se requiere, además de ello, talento y tenacidad, un esfuerzo diario, la paciencia y la templanza necesarias para ir tejiendo una trayectoria día con día y es justo a partir de entonces, cuando nace o se establece una expectativa de derechos, es decir, la probabilidad de adquirir una serie de derechos que en cualquier caso, son irrenunciables y que nadie podría limitar o transgredir de forma unilateral, aunque también llega a ocurrir. Hay que decirlo, prácticamente ningún trabajador tiene la posibilidad de incidir para el mejoramiento de esa expectativa, como no sean el buen desempeño e insisto, la tenacidad en el ejercicio diario de las tareas por las que fue contratado y la permanencia en el mismo.

En el ámbito público, a esto se le conoce como servicio civil de carrera, en lo específico, en el ámbito del Poder Judicial, a quienes lograron trazar una ruta de crecimiento laboral e ir escalando por los más diversos espacios y posiciones hasta alcanzar una magistratura, se le conoce como carrera judicial, aunque ciertamente hay los casos de quienes las alcanzan sin una trayectoria que así lo merezca, pero ese es tema de otro costal y bueno, eso es justamente el escenario en el que recientemente le fue sido otorgada a la ex magistrada Celia Maya una pensión de poco más de 150 mil pesos mensuales.

Una vez que han ocurrido los supuestos contenidos en la normatividad laboral, a los que hay que decir, Celia Maya estuvo constreñida durante toda su carrera laboral y que otorgaban beneficios a los trabajadores, comprobados los hechos, nacen para ella, como para cualquier otro trabajador en similares condiciones, una serie de efectos jurídicos que la ley le asigna y que son propiamente consecuencias jurídicas nacidas en virtud de una ley vigente al cumplimiento del hecho previsto por la misma norma, en palabras más simples, indistintamente de su monto, la pensión es un derecho adquirido por los trabajadores y la misma se otorga a favor de los trabajadores que se ubican en la posibilidad de jubilarse, cuando los hechos (edad, años de servicio y cotizaciones) que posibilitan el otorgamiento de la misma, se verifican. Solo entonces procede otorgarse una pensión en los términos prescritos por la misma ley y la justedad o no de dicha pensión, no es algo que esté sujeto a otro tipo de consideraciones, así sea que muchos no estén de acuerdo con el otorgamiento o el monto de dicha pensión.

En su calidad de ex magistrada y con más de cuarenta años de servicio, luego de una trayectoria que le permitió transitar por muchas y diversas posiciones dentro del Poder Judicial ¿Tenía Celia Maya el derecho a que le fuera otorgada la pensión que para tal efecto consigna la ley? Desde luego que sí y de ello no deben existir ningún tipo de dudas.

¿El monto de dicha pensión es o parece excesivo? Ese no es un tema en el que Celia maya haya podido incidir, simplemente acreditó contar con los años de servicio necesarios y tener la edad requerida para poder optar por su jubilación y punto.

¿Cualquiera de nosotros habría renunciado a una pensión ganada solo porque su monto parece excesivo a muchos o por el hecho de haber sido postulados como candidatos a alguna posición o espacio? No lo creo.

¿Por qué exigirles a otros aquello que nosotros mismos no estaríamos en la disponibilidad de hacer?

Nos guste o no, parezca excesiva o justa, la pensión que curiosamente le fue otorgada por la Legislatura local apenas semanas antes de iniciar el proceso electoral, es un derecho que tenía ganado Celia Maya luego de una larga carrera judicial que por lo demás, ha sido reconocida por propios y extraños, todo lo demás que se diga y piense, queda en el plano de las envidias y de las especulaciones.

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