El aumento sin precedentes de ataques de osos en Japón —que ha dejado 13 personas muertas en lo que va del año— está teniendo un efecto inesperado: un auge en el consumo de carne de oso, particularmente en regiones montañosas y en restaurantes especializados.
En la ciudad de Chichibu, cerca de Tokio, el restaurante del cazador y chef Koji Suzuki enfrenta dificultades para cubrir la demanda. La carne, cocinada a la parrilla sobre losas de piedra o en ollas calientes con verduras, proviene de osos sacrificados como parte de las medidas oficiales para frenar las agresiones. Aunque el establecimiento también ofrece ciervo y jabalí, el oso se ha convertido en el platillo más solicitado tras meses de titulares sobre incursiones de estos animales en viviendas, escuelas y supermercados.
“Con el aumento de las noticias sobre osos, creció mucho el número de clientes que quieren probar su carne”, explicó Suzuki, de 71 años, quien considera que aprovechar el animal es una forma de respeto a su vida. Su esposa, Chieko, quien administra el restaurante, confirmó que con frecuencia deben rechazar comensales por falta de producto.
El fenómeno se replica en otras regiones. En Aomori, una de las prefecturas más afectadas por los ataques, el restaurantero Katsuhiko Kakuta aseguró que su carne de oso se agotó a inicios de diciembre, impulsada en parte por la atención en redes sociales. En Sapporo, Hokkaido, el chef Kiyoshi Fujimoto incorporó cortes de oso pardo a su menú francés, donde un consomé de oso forma parte de un menú de varios tiempos con precios cercanos a los 70 dólares.
Las autoridades atribuyen la crisis a la combinación del crecimiento acelerado de las poblaciones de osos, la disminución de la población humana en zonas rurales y la escasez de bellotas, alimento clave para estos animales. En respuesta, el gobierno ha desplegado apoyo militar y policial para la captura y caza, y ha superado ya las 9 mil 100 piezas sacrificadas en la primera mitad del año fiscal.
El Ministerio de Agricultura promueve el consumo “sostenible” de la carne como una vía para generar ingresos en comunidades rurales y reducir el desperdicio. Para ello, anunció subvenciones por 118 millones de dólares destinadas al control poblacional y al aprovechamiento del recurso. No obstante, persisten obstáculos: la falta de instalaciones de procesamiento autorizadas provoca que una parte considerable de la carne se deseche.
En Japón, la carne de oso no es un alimento cotidiano, pero forma parte de una tradición en pueblos de montaña. Hoy, impulsada por la emergencia ambiental y de seguridad, esa práctica se abre paso en restaurantes urbanos y de alta cocina, en medio del debate sobre conservación, control de fauna y aprovechamiento responsable.






