Dichos ataques son «una violación flagrante de nuestra soberanía, nuestro espacio aéreo, el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y el principio de buena relación entre países», aseguró la delegación de Kuwait, que instó a Irán a «moderarse y poner fin a cualquier ofensiva que ponga en peligro la paz, la seguridad y la estabilidad de la región».
Emiratos Árabes Unidos, cuya delegación denunció que los ataques iraníes en su territorio han causado tres muertos y 58 heridos civiles, subrayó que Irán «no puede utilizar nuestra tierra para saldar cuentas» y manifestó su solidaridad con otros países árabes atacados, instando al diálogo y a «soluciones diplomáticas».
Catar y Arabia Saudí se sumaron a estos llamamientos, mientras Irak condenó los ataques militares contra Irán, aunque también los perpetrados contra países del Golfo Pérsico.
El embajador español ante la ONU en Ginebra, Marcos Gómez, señaló en su intervención que «la guerra es el principal enemigo de los derechos humanos», una «aberración» que impide la seguridad y la paz.
«Las controversias han de solucionarse en el marco de las instancias multilaterales y de manera pacífica, por lo que rechazamos la acción unilateral de Estados Unidos e Israel y los ataques indiscriminados de Irán y su Guardia Revolucionaria», afirmó.
Estados Unidos e Israel abandonaron el Consejo de Derechos Humanos a principios del año pasado, poco después de la investidura de Donald Trump, alegando que esta asamblea, que en 2026 cumple 20 años, tiene un sesgo antiisraelí.






