Un programa impulsado por el Massachusetts Institute of Technology está cambiando la forma en que las grandes empresas enfrentan desafíos globales como el cambio climático, la salud o la desigualdad, al vincularlas directamente con emprendedores que trabajan desde las regiones donde esos problemas son más urgentes.
A través de MIT Solve, la organización liderada por Hala Hanna, se identifican y financian soluciones tecnológicas desarrolladas por fundadores en ciudades como Bombay, Medellín o Nairobi, quienes tienen una conexión directa con las problemáticas que buscan resolver.
Un modelo que conecta capital e innovación
El esquema funciona mediante alianzas con grandes corporaciones e instituciones como Amazon, Verizon, la Fundación Gates y el Banco Mundial, que destinan recursos a desafíos específicos.
MIT Solve selecciona a los proyectos más prometedores, que reciben financiamiento, mentoría y acceso a estas empresas, incluso con la posibilidad de integrarse a sus cadenas de suministro.
En una década, el programa ha apoyado a más de 520 innovadores y canalizado más de 80 millones de dólares en financiamiento directo, con una tasa de supervivencia empresarial del 96%, muy por encima del promedio global.
Casos de impacto global
Entre los ejemplos destacados está Aloqia (antes Queen of Raw), fundada por Stephanie Benedetto, que utiliza inteligencia artificial para comercializar textiles sin uso y reducir residuos en la industria de la moda. La empresa ha trabajado con marcas como Ralph Lauren, Victoria’s Secret y Shein.
Otro caso es LifeBank, creada por Temie Giwa-Tubosun, que distribuye sangre y oxígeno a hospitales en Nigeria mediante tecnología logística y plataformas digitales, salvando miles de vidas.
En África, la empresa Amini, fundada por Kate Kallot, desarrolla infraestructura de datos ambientales basada en inteligencia artificial para mejorar la toma de decisiones en regiones con escasez de información.
Más allá del capital tradicional
De acuerdo con Hanna, el 58% de los emprendedores apoyados tiene una conexión personal con el problema que resuelven, lo que les da una ventaja clave frente a modelos tradicionales de innovación.
El programa también promueve nuevas formas de financiamiento, como la inversión de impacto o la filantropía de riesgo, ante un contexto donde el capital tradicional no siempre llega a estos proyectos.
“El talento está en todas partes, pero las oportunidades no”, ha señalado la directora, quien insiste en la necesidad de ampliar la visión de inversionistas y corporativos para apostar por soluciones que nacen fuera de los centros tecnológicos tradicionales.
Un cambio de paradigma
El modelo de MIT Solve refleja un giro en la innovación global: las soluciones a los problemas más complejos no necesariamente surgen de grandes laboratorios corporativos, sino de emprendedores que viven y entienden esas realidades.
La apuesta ahora, concluyen los impulsores del programa, es lograr que el capital llegue a tiempo para escalar estas iniciativas y generar un impacto real a nivel global.






