Tres décadas después de su última restauración, el Vaticano inició una limpieza profunda del Juicio Final de Miguel Ángel, uno de los frescos más emblemáticos del arte universal, ubicado en la Capilla Sixtina. Los trabajos comenzaron este lunes con la instalación de andamios frente a la obra de 180 metros cuadrados, pintada entre 1536 y 1541.

Aunque durante años se han realizado tareas nocturnas de conservación en la Capilla Sixtina, el Juicio Final requiere una intervención más intensa. El proyecto, que inicialmente se estimaba en tres meses, busca retirar una “neblina blanquecina generalizada” que cubre el fresco, según explicó Paolo Violini, jefe de la restauración.

De acuerdo con el Vaticano, dicha capa se formó por el depósito de micropartículas transportadas por el aire, lo que con el tiempo redujo los contrastes del claroscuro y uniformó los colores originales. La limpieza permitirá eliminar esos residuos y recuperar la calidad cromática y luminosa concebida por Miguel Ángel, devolviendo la complejidad formal y expresiva de la obra.

La Capilla Sixtina, situada dentro del Palacio Apostólico, permanecerá abierta al público durante los trabajos. Además de ser un espacio de oración y uno de los principales atractivos turísticos del Vaticano, el recinto tiene un papel central en la vida de la Iglesia católica, al ser el escenario del cónclave donde los cardenales eligen al nuevo papa.

Las autoridades vaticanas subrayaron que la intervención se realiza con criterios científicos y de máxima cautela, dada la relevancia histórica, artística y espiritual del fresco.

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