Previo a la celebración del Día de San Valentín, la Iglesia católica en México alertó que la cultura contemporánea está “marcada por la prisa y lo desechable”, una dinámica que, aseguró, ha provocado el desgaste del significado del amor, al reducirlo a “emociones pasajeras” o “afinidades momentáneas”.
Así lo expuso la Arquidiócesis Primada de México en su editorial semanal Desde la Fe, publicada este domingo, en la que señaló que el uso excesivo de la palabra amor ha vaciado su sentido profundo. “La palabra se usa tanto que corre el riesgo de gastarse: se dice ‘amor’ a una emoción pasajera, a una afinidad momentánea o incluso a una conveniencia cómoda, y en estos días seguro escucharemos esa palabra infinidad de veces por la fecha del calendario”, afirmó.
El texto subrayó que, desde la perspectiva de la Iglesia, el amor no puede entenderse como un impulso fugaz, sino como un acto que nace de una “decisión profunda, exigente y, paradójicamente, liberadora”. En ese sentido, recalcó que amar no se limita a sentir, sino que implica construcción, cuidado y, en ocasiones, sacrificio.
“El amor auténtico no se agota en el entusiasmo inicial ni se sostiene únicamente en la química; se construye, se cuida y se renueva, incluso cuando cuesta”, destacó la editorial, en referencia a las relaciones humanas que trascienden lo superficial.
La Arquidiócesis retomó además la visión del papa emérito Benedicto XVI (1927-2022), quien sostenía que “el amor cristiano no se reduce a una idea abstracta ni a un sentimiento privado, es una realidad concreta que se expresa en obras, en responsabilidad y en compromiso”.
Asimismo, recordó el legado del fallecido papa Francisco (1936-2025), a quien atribuyó una visión del amor anclada en la vida cotidiana, donde este “se aprende en el camino, en lo ordinario, en la paciencia diaria, en el diálogo que no huye del conflicto, en la capacidad de perdonar y volver a empezar”.
En el marco del Día del Amor y la Amistad, la Iglesia hizo un llamado a sus fieles a fortalecer vínculos y apostar por relaciones profundas, a las que calificó como “contraculturales”, ya que exigen “tiempo, silencio, escucha y constancia” en un mundo dominado por la inmediatez.





