Héctor Mendoza, dramaturgo que cambió la forma de hacer teatro

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La Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL),  a través de la Coordinación Nacional de Teatro, recuerdan a Héctor Mendoza, dramaturgo y director que sobresalió por sus aportaciones y entrega a las artes escénicas de nuestro paías. 

Héctor Mendoza Franco nació el 10 de julio de 1932 en Apaseo el Grande, Guanajuato. Cursó Literatura española en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Actuación en la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) del INBAL.

En 1953 estrenó su obra Las cosas simples en el Teatro Ideal. La puesta en escena tuvo gran aceptación por parte del público y de la comunidad teatral, lo que le valió una beca del Centro Mexicano 

de Escritores, donde fue condiscípulo de Emilio Carballido, Luisa Josefina Hernández, Juan Rulfo y Ricardo Garibay.

Fue coordinador del Teatro Estudiantil de la Dirección General de Difusión Cultural UNAM entre 1954 y 1955, y dirigió los cuatro primeros programas de Poesía en Voz Alta. Asimismo, fue fundador en la Casa del Lago de un grupo de experimentación teatral en 1960, y en 1987, junto con Julio Castillo, creó el Núcleo de Estudios Teatrales. Impartió clases en la ENAT y fue profesor invitado en la Universidad de Texas.

Obtuvo el Premio El Heraldo de México a la mejor producción teatral en 1993 por Don Gil de las calzas verdes. En 1994 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el rubro de Bellas Artes, y un homenaje nacional organizado por el INBAL. Asimismo, fue galardonado con los premios Juan Ruiz de Alarcón en 2004 y Universidad Nacional en 2009 en el área de Docencia en Artes. Dirigió más de 70 puestas en escena y escribió más de 50 obras de teatro.

El maestro Mendoza se caracterizó por mantener un diálogo con actores, actrices, alumnas, alumnos, compañeras y compañeros de trabajo. Al respecto, en una entrevista realizada por el INBAL, compartió: “La verdadera amistad no tiene que ser una relación egoísta en la que uno busca la ventaja de asociarse con alguien más, sino que debe ser un acto gratuito, y yo veo que eso casi no sucede”.

Metodología en constante movimiento

Al mismo tiempo que escribía teatro, Héctor Mendoza incursionó en otros ámbitos de la disciplina. En 1955, como director escénico, llevó a cabo el montaje de la comedia Las costumbres de antaño o La pesadilla de Manuel Eduardo de Gorostiza. A partir de ese momento dirigió puestas en escena de obras de autores como Juan Ruiz de Alarcón, Bertolt Brecht, Arcipreste de Hita, sor Juana Inés de la Cruz, Tirso de Molina, Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.

La amplia y reconocida carrera teatral de Héctor Mendoza le permitió trabajar con figuras de la talla de Octavio Paz, Juan José Arreola, Juan Soriano, Leonora Carrington y Rosario Castellanos.

“Como dramaturgo y director, la gente reconoce a mi padre, y al mismo tiempo, su distinguida capacidad para educar intérpretes. Él creó una metodología en constante movimiento, totalmente morfológica. Difícilmente un actor o actriz que estudiaba con él veía las mismas cosas que otro que lo hacía 10 años después. Siempre había avance; su búsqueda era incansable”, señala Rodrigo Mendoza Millán, hijo de Héctor Mendoza.

Influencia para directores, directoras e intérpretes 

Todos estos logros no estarían completos sin la docencia, la cual ocupó un lugar preponderante en su vida profesional. En la UNAM fue subdirector de Servicios Coordinados de Radio, Televisión y Grabaciones; coordinador del Departamento de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras, y miembro de la Comisión Dictaminadora de Literatura Dramática y Teatro.

Durante 37 años en la UNAM, como profesor titular de tiempo completo, formó a innumerables generaciones de estudiantes, catedráticas, catedráticos, directoras y directores de escena, actrices y actores, además de haber desarrollado actividades que evidenciaron su compromiso con la academia.

Tuvo entre sus discípulos a directores como Luis de Tavira, Germán Castillo o Ignacio Escárcega, así como a actrices y actores, entre ellos Ofelia Medina, Julieta Egurrola, Blanca Guerra, Sergio Jiménez, Margarita Sanz, José Alonso, Héctor Bonilla y Humberto Zurita.

“Con Héctor se inauguró el concepto de puesta en escena. Él modificó la manera de ver teatro, y no sólo eso, sino que también fue un emprendedor de muchas cosas. Fue un hombre que fundó el Centro Universitario de Teatro, el cual en su momento fue la escuela más importante en la materia y a la que aspiraba cualquier actor o actriz con el deseo de ser artista. Fue un genio en el campo de lo pedagógico”, compartió el también dramaturgo Jaime Chabaud.

Además, Mendoza incursionó en el cine con la dirección de La sunamita, dentro de la compilación de historias breves Amor, amor, amor, en la que además participó como guionista al lado de Inés Arredondo y Juan García Ponce en el relato Lola de mi vida.

Obras completas de Héctor Mendoza reúne su producción teatral escrita a lo largo de más de medio siglo. Los tres tomos, publicados por Ediciones El Milagro, Ediciones La Rana, la Universidad de Guanajuato y la UNAM, comprenden 57 obras que, presentadas de manera cronológica, abarcan los más diversos géneros dramáticos.

La Sala de la Compañía Nacional de Teatro del INBAL lleva su nombre, y el foro para la experimentación escénica Amacalone tiene el título de una de sus obras de teatro, creada en 2003 para provocar en el público la reflexión.

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