Mientras millones de pavos en Estados Unidos terminan en las mesas de Acción de Gracias, Gus vive una realidad diametralmente distinta. Pasea tranquilo por un santuario de animales en las llanuras de Colorado, donde recibe caricias, abrazos e incluso besos de los cuidadores que lo consideran parte de la familia. Gus llegó al Santuario para Animales Luvin Arms, en Erie, en 2023, tras ser indultado por el gobernador.

“¿Quieres acurrucarte hoy?”, le pregunta con ternura Lanette Cook, gerente de educación del santuario, mientras el ave se detiene para buscar afecto. Gus es uno de los protagonistas de un movimiento creciente: la adopción simbólica de pavos como alternativa compasiva a la tradición de comerlos durante la festividad.


Una nueva forma de celebrar: adoptar en lugar de sacrificar

Cada vez más santuarios de aves de corral en Estados Unidos promueven programas en los que familias pueden “adoptar” un pavo mediante donaciones. A cambio reciben certificados, fotografías e incluso visitas virtuales o presenciales a los animales que ayudan a sostener.

El objetivo es doble: salvar aves y cambiar conciencias.
Los santuarios aseguran que millones de pavos son criados en condiciones inhumanas y que estos programas ofrecen una alternativa ética, visible especialmente durante Acción de Gracias.

En Luvin Arms, una donación de 25 dólares incluye un certificado, una foto y una visita. Desde 2022, el santuario ha logrado duplicar su número de patrocinadores cada año, y este 2025 esperan recaudar 18.000 dólares, explica su directora ejecutiva, Kelly Nix.

Los fondos se destinan a ampliar áreas de pastoreo, alimentación, rescates y cuidados veterinarios. Muchas de las aves llegan con graves problemas de salud debido a la cría intensiva que acelera su engorde.

Pero para Luvin Arms, el programa no se trata sólo de dinero.

“Si logramos que alguien se detenga dos veces antes de poner un pavo en su mesa, ya ganamos”, afirma Nix. “Queremos que la gente vea que estos animales sienten, que tienen personalidad”.


De pioneros a fenómeno nacional

El primer programa de adopción de pavos surgió en Farm Sanctuary en 1986. Su cofundador, Gene Baur, recuerda que al inicio el público estaba confundido: ¿por qué rescatar a un animal destinado a ser comida?

Cuatro décadas después, la organización ha salvado a miles de pavos y ha recaudado cientos de miles de dólares, mientras crece el interés por alternativas éticas a las tradiciones culinarias.

“Las tradiciones pueden cambiar”, dice Baur. “No todo lo heredado debe mantenerse”.


Familias que cambian su celebración

Para familias como la de Lizzie Parra, veganos desde hace años, adoptar un pavo se ha convertido en parte esencial de su festividad. Comenzaron en 2021 después de que un pavo en un santuario de Pittsburgh los siguiera durante una visita, como si quisiera unirse al grupo.

Parra asegura que la adopción es una forma de crear conciencia sin imponer su estilo de vida:
“Es sólo una oportunidad para decirle a la gente que, al menos una vez, pueden tomar una decisión compasiva”.


Destacando a los pavos como individuos

Otros santuarios, como Barn Sanctuary en Michigan, también han impulsado programas para mostrar que los pavos tienen personalidades tan únicas como las de cualquier mascota.

Su coordinador Chase DeBack habla de ellos como viejos amigos:
Lewis es tímido; Sabrina y Hilda siempre curiosean lo que la gente lleva al gallinero.

“Queremos que la gente vea lo amorosos que son”, explica. “Tienen vínculos, emociones y preferencias”.


En un país donde la tradición dicta que el pavo es el plato estelar de noviembre, santuarios como Luvin Arms están sembrando una nueva manera de mirar a estas aves: no como comida, sino como seres con nombre, historia y afecto que ofrecer.

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