La XVIII edición de los Premios Gaudí dejó una de sus mayores sorpresas con el triunfo de Frontera, de Judith Colell, que se alzó con el galardón a Mejor película en lengua catalana, imponiéndose a títulos que partían como favoritos en una gala marcada por la diversidad, la reivindicación social y una fuerte presencia femenina.
El thriller histórico, ambientado en un paso fronterizo de los Pirineos utilizado por refugiados que huían del franquismo, superó a las otras producciones nominadas en esta categoría: Esmorza amb mi, Estrany riu, Molt Lluny y Wolfgang. Además del máximo reconocimiento en lengua catalana, Frontera obtuvo los premios a Mejor actriz secundaria y Mejor vestuario, así como el Premio Especial del Público, decidido por votación de los espectadores.
Judith Colell, quien compaginó su rol como directora con el de presidenta de la Academia del Cine Catalán, destacó durante la gala el buen momento que atraviesa el cine catalán tanto en taquilla como en la crítica. También defendió que rodar en catalán “es un acto de resistencia y confianza”.
En contraste, la gran vencedora en número de estatuillas fue Sirat, de Oliver Laxe, que logró ocho premios Gaudí, incluidos el de Mejor película en lengua no catalana y siete galardones técnicos como dirección artística, sonido, fotografía, música original y efectos visuales. El director no estuvo presente por compromisos profesionales en Los Ángeles.
La gala también dejó resultados inesperados para Romería, de Carla Simón, que llegaba con 13 nominaciones y solo consiguió el premio a Mejor interpretación revelación para Llúcia Garcia. En cambio, Tardes de soledad, de Albert Serra, se llevó los reconocimientos a Mejor documental y Mejor montaje.
En el apartado interpretativo, Mario Casas ganó el Gaudí a Mejor actor protagonista por Molt lluny, mientras que Ángela Cervantes fue reconocida como Mejor actriz por La furia, logrando junto a su hermano Álvaro Cervantes —premiado como Mejor actor secundario por Sorda— un destacado doblete familiar.
La ceremonia, celebrada en el Gran Teatro del Liceu ante unos 1.800 invitados, tuvo un marcado tono reivindicativo. Se abordaron temas como la violencia sexual, los derechos de las personas con discapacidad y la defensa de los derechos de las personas migrantes. En este contexto, Ángela Cervantes agradeció públicamente a las personas migrantes por su esfuerzo y aportación social, subrayando su impacto humano y cultural.
La gala también rindió homenaje al director de fotografía Tomàs Pladevall, fallecido recientemente, y contó con la presencia de autoridades como el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, además de actuaciones musicales que acompañaron una noche clave para el cine catalán.






