La fiscal española Alexandra García Tabernero descubrió en 2013 que podría ser familiar de un coronel argentino detenido por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. Una década después viajó a Argentina, entrevistó a víctimas del régimen y confirmó su parentesco, una experiencia que dio origen a su libro “Carta al coronel” (Editorial Debate).

En entrevista con EFE, García Tabernero subraya que Argentina presume de ser el único país que juzgó a sus dictadores apenas dos años después de la caída del régimen de la junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla (1976-1983), lo que calificó como “una proeza muy arriesgada”.

La fiscal destaca especialmente el alegato del fiscal Julio César Strassera en el juicio contra Videla, cuando pronunció la frase “Señores jueces, nunca más”, un mensaje que —asegura— sigue siendo una lección universal en materia de memoria y justicia.

La comparación con España

Durante sus entrevistas, García Tabernero relató que en Argentina le preguntaban por qué en España no hubo juicios tras la dictadura franquista ni un proceso amplio de esclarecimiento judicial. Recordó que incluso cuando estuvieron vigentes las leyes de amnistía en los años noventa, Argentina impulsó los llamados “juicios por la verdad”, procesos sin consecuencias penales pero orientados a establecer responsabilidades históricas.

Formada en Derecho Internacional en Harvard, la fiscal trabajó en la Corte Penal Internacional y participó en los procesos contra Ratko Mladić, conocido como el “carnicero de Srebrenica”, condenado a cadena perpetua por el asesinato de más de 8.000 bosnios musulmanes durante la Guerra de los Balcanes.

El impacto familiar

Su vocación por la Fiscalía nació al estudiar los juicios de Núremberg. Sin embargo, descubrir durante una cena familiar que un pariente lejano, el coronel Reinaldo Tabernero, murió en prisión mientras esperaba juicio por crímenes de lesa humanidad, supuso —según relata— “un impacto tremendo”.

Durante la dictadura argentina, Tabernero fue subjefe de la Policía Provincial de Buenos Aires, segundo al mando del general Ramón Camps, bajo cuyas órdenes se montó una estructura represiva que incluyó hasta 29 centros clandestinos de detención donde miles de personas fueron torturadas.

En su libro, García Tabernero establece un diálogo epistolar con su tío, planteándole las preguntas que nunca pudo hacerle en vida. Aunque no obtuvo respuestas directas, consiguió las transcripciones de su declaración judicial en el proceso en el que se condenó a Camps. En ellas, Tabernero negó haber conocido la existencia de centros clandestinos en sus comisarías.

El testimonio de una bailarina

Uno de los relatos que más la marcó fue el de una joven bailarina detenida ilegalmente y torturada en centros clandestinos bonaerenses para obtener información sobre un familiar militante de izquierdas. Según la fiscal, los represores “se ensañaron particularmente con sus rodillas”, en un acto de violencia que no buscaba información, sino destruir sus sueños.

Los llamados “vuelos de la muerte”, en los que prisioneros eran arrojados al mar, y el robo sistemático de bebés son, para la autora, prácticas de una crueldad absoluta que justificaban la escritura de esta carta.

Nacida en 1991, García Tabernero insiste en que su acercamiento a Argentina fue producto de una “casualidad familiar” y que en su libro la voz principal corresponde a las víctimas, cuya memoria —afirma— debe ocupar siempre el centro de cualquier proceso de reparación y justicia.

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