Los créditos fiscales ampliados que redujeron de forma significativa el costo del seguro médico para la mayoría de los afiliados a la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) expiraron la noche del 31 de diciembre, lo que provocará que millones de estadounidenses enfrenten incrementos sustanciales en sus gastos de salud desde el inicio de 2026.

La expiración ocurre tras meses de confrontación política. Los demócratas forzaron un cierre del gobierno de 43 días para presionar por su extensión; republicanos moderados advirtieron del impacto electoral rumbo a 2026; y el presidente Donald Trump llegó a sugerir una salida negociada, aunque se retractó ante la reacción del ala conservadora. Ninguno de los intentos logró evitar el vencimiento de los subsidios. Una votación en la Cámara de Representantes prevista para enero abre una nueva ventana, sin garantía de éxito.

El impacto recae en un grupo amplio y diverso de personas que no reciben seguro por parte de un empleador y no califican para Medicaid o Medicare, incluidos trabajadores independientes, pequeños empresarios, agricultores y ganaderos. El golpe llega en un año electoral en el que la asequibilidad, especialmente el costo de la atención médica, encabeza las preocupaciones del electorado.

Los subsidios, creados en 2021 como medida temporal durante la pandemia de COVID-19, fueron extendidos por los demócratas hasta inicios de 2026. Permitieron primas nulas para algunos afiliados de bajos ingresos, limitaron los pagos al 8.5% del ingreso para otros y ampliaron la elegibilidad de la clase media.

Con su expiración, las primas de más de 20 millones de afiliados subsidiados aumentarán en promedio 114% en 2026, según un análisis de la organización KFF. El incremento coincide con un alza generalizada de los costos de salud en Estados Unidos, elevando también los gastos de bolsillo en numerosos planes.

Algunas familias enfrentan aumentos que duplican o triplican sus pagos mensuales. Stan Clawson, cineasta freelance y profesor adjunto en Salt Lake City, pasará de pagar poco menos de 350 dólares al mes a casi 500. Otros casos son más extremos: Katelin Provost, trabajadora social y madre soltera, vio su prima subir de 85 a casi 750 dólares mensuales.

Los analistas prevén efectos severos en la inscripción. Estudios del Urban Institute y Commonwealth Fund estiman que alrededor de 4.8 millones de personas podrían abandonar la cobertura en 2026, en especial adultos jóvenes y saludables, lo que encarecería aún más el programa para quienes permanezcan. No obstante, el impacto final aún es incierto, ya que el periodo de inscripción permanece abierto hasta el 15 de enero en la mayoría de los estados.

Provost anticipa que, si el Congreso no reactiva los subsidios a inicios de año, cancelará su cobertura y mantendrá solo la de su hija de cuatro años. Otros afiliados expresan frustración por meses de debate sin resultados concretos.

En diciembre, el Senado rechazó dos iniciativas: una demócrata para extender los subsidios por tres años y otra republicana que proponía cuentas de ahorro para la salud. En la Cámara baja, cuatro republicanos centristas se unieron a los demócratas para forzar una posible votación en enero sobre la extensión, aunque el precedente del Senado reduce sus probabilidades.

Mientras tanto, millones de estadounidenses enfrentan el inicio del año con primas más altas y sin certeza política. Para muchos, la exigencia es clara: restaurar los subsidios y abordar de fondo el encarecimiento estructural de la atención médica en Estados Unidos.

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