La operación de Estados Unidos que derrocó al venezolano Nicolás Maduro habría generado en el líder norcoreano Kim Jong Un la percepción de que también él es vulnerable a una operación de “decapitación”, afirmó a la AFP Lee Il-kyu, exdiplomático de Corea del Norte en Cuba.

Lee, quien se desempeñó como consejero político de la embajada norcoreana en La Habana entre 2019 y 2023, sostuvo en una entrevista realizada en Seúl que la captura de Maduro en Caracas representaría un escenario de pesadilla para la dirigencia de Pyongyang, históricamente obsesionada con la seguridad del líder.

“Kim debió haber sentido que una operación de ‘decapitación’, como se le llama, es realmente posible”, señaló Lee, quien desertó a Corea del Sur en noviembre de 2023 y actualmente colabora con un centro de análisis público en Seúl. A su juicio, la caída del mandatario venezolano desataría pánico en el círculo cercano al poder norcoreano y llevaría a una reforma integral de los sistemas de seguridad y de respuesta ante un eventual ataque contra Kim Jong Un.

Durante su labor diplomática en Cuba, Lee estuvo encargado de promover los intereses del Estado norcoreano en América Latina y de frenar, entre otras tareas, el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Corea del Sur. Sin embargo, su frustración con el sistema lo llevó a convertirse en uno de los desertores de mayor rango en los últimos años.

Relató que su decisión estuvo marcada por el estancamiento de su carrera tras negarse a sobornar a un superior. “Estaba harto”, afirmó. Su huida estuvo a punto de fracasar cuando, junto con su esposa e hija, quedó retenido en un aeropuerto de un país centroamericano cuyo nombre no reveló. Pese a su solicitud de asilo, funcionarios intentaron obligarlo a abordar un vuelo hacia Venezuela, lo que habría implicado su retorno a Cuba.

La situación cambió cuando intervino un diplomático surcoreano, quien informó que la familia se encontraba bajo la protección de Seúl. “En ese momento, todos los funcionarios desaparecieron”, relató Lee, quien interpretó el episodio como una muestra del peso internacional de Corea del Sur.

Desde su llegada al Sur, Lee ha pedido que Seúl actúe de manera similar para proteger a dos prisioneros de guerra norcoreanos capturados por Ucrania, integrantes de un contingente enviado por Pyongyang para apoyar a Rusia. Ambos expresaron recientemente su deseo de trasladarse a Corea del Sur, una decisión que, según Lee, sería vista por el régimen norcoreano como un acto de traición absoluta. Advirtió que su repatriación al Norte equivaldría a una condena a una vida de tortura.

Actualmente, Lee, de 53 años, es un comentarista habitual sobre Corea del Norte y columnista en medios surcoreanos. Ha publicado sus memorias en japonés bajo el título El Kim Jong Un que yo presencié y prepara una edición en inglés.

Su experiencia en Corea del Sur ha coincidido con un periodo de fuerte inestabilidad política, desde la declaración de ley marcial del entonces presidente Yoon Suk Yeol a finales de 2024, hasta su juicio político y destitución. Posteriormente, el país eligió como presidente a Lee Jae Myung, partidario de mejorar las relaciones intercoreanas.

Para el exdiplomático, estos acontecimientos reforzaron su valoración de la democracia liberal. Señaló que Corea del Sur logró mantener la estabilidad institucional incluso durante meses sin presidente, un escenario que consideró impensable en Corea del Norte.

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