Un conjunto de análisis genéticos y arqueológicos identificó uno de los episodios de violencia más severos documentados en la Europa prehistórica. La investigación, publicada en Nature Human Behaviour, examinó restos humanos hallados en el yacimiento de Gomolava, en el norte de Serbia.

Los restos corresponden a cerca de 80 individuos enterrados hace aproximadamente 2.800 años, durante la transición hacia la Edad de Hierro. Los estudios de ADN indican que la mayoría de las víctimas no mantenían parentesco cercano, ni siquiera a nivel de generaciones remotas, un hallazgo que contradice el patrón habitual de fosas comunes asociadas a comunidades locales.

El perfil demográfico resulta particularmente significativo: 40 niños de entre uno y doce años, 11 adolescentes y 24 adultos. Del total de adultos, el 87 % eran mujeres. El único bebé identificado fue un varón.

Los análisis osteológicos documentaron muertes violentas, incluyendo traumatismos por golpes y heridas punzantes. La composición del grupo —predominio de mujeres y menores— apunta a un ataque deliberado contra población vulnerable.

La diversidad en las dietas infantiles, inferida mediante estudios isotópicos, sugiere que las víctimas provenían de distintos asentamientos. Los investigadores plantean la hipótesis de captura o desplazamiento forzado previo al asesinato.

El contexto funerario añade complejidad interpretativa. Las víctimas fueron enterradas con objetos personales, como joyas de bronce y cerámica, en una estructura semisubterránea en desuso. Además, se registraron restos de animales sacrificados, semillas quemadas y herramientas de molienda fracturadas, elementos consistentes con un ritual funerario formal.

La ausencia de saqueo y la inversión de recursos en la ceremonia indican que no se trató de un entierro apresurado, sino de una conmemoración simbólica posterior a la matanza.

Los autores vinculan el episodio con un periodo de reorganización territorial en la cuenca de los Cárpatos, caracterizado por la construcción de asentamientos fortificados y disputas por tierras y recursos. En este marco, la violencia masiva podría interpretarse como un mecanismo extremo de afirmación de poder y control territorial.

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