El tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz se encuentra prácticamente paralizado tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Sin embargo, analistas consideran poco probable que Teherán opte por cerrar de forma permanente este paso estratégico, pese a la escalada de tensiones en la región.

Especialistas señalan que el propio país persa depende en gran medida de esta vía marítima para su comercio exterior. El analista energético Dalga Khatinoglu explicó que alrededor del 70 por ciento del comercio iraní —excluyendo las exportaciones de petróleo— se realiza a través de puertos que requieren acceso por el estrecho. Un bloqueo prolongado, por lo tanto, terminaría afectando directamente a la economía iraní.

En la misma línea, la experta en energía Sara Vakhshouri, fundadora de SVB Energy International, subrayó que cerrar esta ruta sería contraproducente para Teherán. Según indicó en entrevista con Bloomberg TV, por el estrecho llegan a Irán importaciones esenciales como alimentos, medicamentos y maquinaria.

Una ruta clave para el mercado energético mundial

El estrecho es una de las arterias energéticas más importantes del planeta. De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), aproximadamente el 20 por ciento del consumo mundial de petróleo se transporta a través de este paso marítimo.

Más del 80 por ciento de ese volumen tiene como destino mercados asiáticos, especialmente China, India y Japón. Ante la tensión regional, los precios del petróleo y del gas han comenzado a subir, y algunas estimaciones apuntan a que el crudo podría superar los 100 dólares por barril si el tránsito por el estrecho se vuelve demasiado peligroso.

Además del petróleo, el eventual bloqueo afectaría el suministro de combustible para aviones y de gas natural licuado (GNL). Cerca del 30 por ciento del combustible para aviación que consume Europa y alrededor de una quinta parte del GNL mundial atraviesan esta ruta.

Pese a ello, varias potencias —entre ellas Estados Unidos, países de la Unión Europea, Reino Unido, Japón y Canadá— cuentan con reservas estratégicas que permitirían mantener el suministro durante algunas semanas en caso de una interrupción temporal.

La dependencia de China

Un cierre del estrecho también perjudicaría las exportaciones energéticas iraníes hacia Asia. Gran parte del petróleo que vende el país tiene como destino China, su principal comprador.

Las sanciones internacionales impuestas desde la Revolución Islámica de Irán de 1979, así como las restricciones adicionales relacionadas con su programa nuclear, han limitado severamente la capacidad de Irán para comerciar en el mercado energético global.

Tras el acuerdo nuclear conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), hubo un breve periodo de relajación de las sanciones entre 2016 y 2018. No obstante, estas volvieron a endurecerse cuando el entonces presidente estadounidense Donald Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo.

Actualmente, más del 80 por ciento del petróleo iraní se dirige a China, lo que convierte al país asiático en un socio indispensable para la economía de Teherán.

Un proveedor debilitado

El experto en geopolítica energética Nikolay Kozhanov, de la Universidad de Qatar, sostiene que, pese a su resiliencia, las sanciones han debilitado estructuralmente al sector petrolero iraní.

En su análisis para el Instituto Clingendael de Relaciones Internacionales, el especialista advierte que Irán probablemente seguirá participando en el mercado mundial de petróleo, aunque como un proveedor con menor poder de negociación y obligado a ofrecer fuertes descuentos.

En este contexto, un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz no solo intensificaría las tensiones internacionales, sino que también agravaría la ya frágil situación económica de Irán.

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