“Esto no es Trumpistan”: amplio rechazo en EE.UU. a la escalada de Trump contra el proceso electoral

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Donald Trump nunca pareció tan solo. El ataque que lanzó contra la elección presidencial en Estados Unidos y la idea que deslizó de postergar la votación desató el rechazo de su habitual elenco de críticos y de los demócratas, pero, también, entre republicanos, historiadores y constitucionalistas, además de las más fuertes advertencias que se hayan escuchado durante su presidencia sobre su desdén por las reglas y las instituciones, y la salud de la democracia.

Trump lleva meses sembrando dudas sobre la elección -será “la más fraudulenta de la historia”, ha dicho- y el voto por correo, un sistema que, este año, debido al coronavirus, será récord. Hasta esta semana, esa escalada retórica deambulaba por la colectora de la campaña. Pero a Trump le bastó un mensaje en Twitter para lanzarla al centro de la discusión política, justo cuando la pandemia superó os 150.000 muertos, y el país comienza a tener una magnitud real sobre la profundidad de la crisis económica. La movida, que despertó alarma, dejó una pregunta colgando en el aire: si Trump pierde, ¿aceptará el resultado?

La polémica sugerencia de Trump: más que un tuit inocente, una campaña para erosionar la democracia

Este año, la decisión de millones de norteamericanos de votar por correo puede estirar el resultado más allá de la noche de la elección, el 3 de noviembre. Nueva York, por caso, recién terminó de contar esta semana los votos por correo de la primaria que se realizó a fines de junio. Las demoras del sistema también pueden dejar miles de sufragios en el limbo: un análisis de NPR, la radio pública, reveló que durante las primarias hubo al menos 65.000 votos rechazados porque llegaron tarde. El voto “en ausencia” depende del correo estatal, que controla Louis DeJoy, un empresario vinculado a Trump que recaudó fondos para su campaña.

“Tantos años he estado viendo elecciones y dicen el ‘ganador proyectado’ o el ‘ganador de la elección’. No quiero ver que eso pase una semana después del 3 de noviembre, o un mes o, francamente, con litigios y todo lo demás que pueda suceder, años. Años. O que nunca se sepa siquiera quién ganó las elecciones”, lanzó Trump en la Casa Blanca.

Trump dijo que respalda el voto por correo -aunque rechaza que sea “universal”-, pero no tomó medidas para reforzar el sistema. Y el presidente también dijo que el voto por correo es un “desastre”, llevará “al fraude más grande”, que Estados Unidos será el “hazmerreír” del mundo, que no quiere una “elección corrupta”, y que será “la elección más arreglada de la historia”.
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La reacción a las palabras del presidente fue unívoca, y trajo “fuego amigo”. Los senadores Mitch McConnell, Marco Rubio y Ted Cruz, tres aliados de Trump en el Senado que lo blindaron desde el primer día, rechazaron de cuajo la idea de postergar la elección. Kevin McCarthy, el republicano de mayor rango en la Cámara de Representantes, se sumó. Uno a uno recordaron que Estados Unidos nunca postergó elecciones, ni durante la pandemia de la gripe española en 1918, cuando se realizaron elecciones legislativas, o durante la Guerra Civil.

Steven Calabresi, presidente de la Sociedad Federalista, una influyente organización conservadora de Estados Unidos, dijo que la movida era “fascista”, y ameritaba la destitución del presidente. En 2016, Calabresi votó a Trump, y fue uno de sus defensores durante el juicio político por el escándalo Ucraniagate. Ya no.

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