La tensión entre Estados Unidos y la Unión Europea por la regulación de las grandes empresas tecnológicas se ha intensificado desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, con un choque directo entre el enfoque regulatorio europeo y la postura de mínima intervención que impulsa Washington, respaldada por Silicon Valley.
En enero de 2025, el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, anticipó que buscaba un aliado en la Casa Blanca para enfrentar lo que calificó como regulaciones extranjeras que obligan a las empresas tecnológicas estadounidenses a “censurar más” contenidos. Días después, Trump asumió la Presidencia y adoptó ese papel, presionando abiertamente a la Unión Europea para reducir controles sobre las plataformas digitales.
El Gobierno estadounidense ha advertido que podría imponer sanciones, aranceles y restricciones a empresas tecnológicas europeas, además de limitar el ingreso a Estados Unidos de investigadores y reguladores vinculados con políticas de seguridad digital. Para la administración Trump, el avance sin trabas de la inteligencia artificial es un asunto estratégico para la economía y la seguridad nacional.
El conflicto se origina en una diferencia de fondo. Mientras la Unión Europea defiende que su marco normativo fortalece la seguridad en línea, la libertad de expresión y la competencia, Estados Unidos considera que esas reglas equivalen a censura y discriminan a empresas estadounidenses. En este contexto, las grandes tecnológicas han encontrado en el actual gobierno republicano un respaldo político para confrontar la legislación europea.
La disputa se remonta al primer mandato de Trump, cuando Washington criticó el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), vigente desde 2018. Posteriormente, la UE aprobó la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA), que imponen obligaciones estrictas sobre moderación de contenidos, publicidad y competencia, con multas millonarias en caso de incumplimiento.
En 2025, la Comisión Europea multó a Apple y Meta con 700 millones de euros bajo la DMA, y sancionó a Google y a la red social X por violaciones a las normas comunitarias. Estas medidas fueron calificadas por Trump y por directivos tecnológicos como “injustas” y “punitivas”. En respuesta, funcionarios estadounidenses amenazaron con represalias comerciales y sanciones de visado contra exfuncionarios europeos vinculados a la regulación digital.
Bruselas ha rechazado de manera sistemática las acusaciones de discriminación. La Comisión Europea sostiene que sus reglas se aplican de forma equitativa a todas las empresas que operan en el mercado comunitario y niega que constituyan censura.
Analistas advierten que el enfrentamiento podría convertirse en un punto central de las negociaciones comerciales entre ambas potencias en 2026, especialmente en lo relativo a las llamadas “barreras no arancelarias”. La UE, por ahora, no muestra intención de retroceder y ha abierto nuevas investigaciones contra Meta y Google.
El conflicto, señalan expertos, también refuerza el debate interno en Europa sobre la necesidad de desarrollar tecnologías propias y reducir la dependencia de Silicon Valley, en un contexto donde la regulación digital se ha convertido en un asunto geopolítico de primer orden.





