Julio Herrera

El auditorio del CECUCO fue el escenario escogido por el diputado panista Memo Vega para escenificar un informe que funcionó menos como rendición de cuentas y más como reafirmación de la línea ideológica dura que el blanquiazul impulsa en Querétaro. La presencia de operadores del gabinete estatal, dirigencia partidista y cámaras empresariales exhibió la naturaleza cerrada de un acto diseñado para legitimar un proyecto político alineado a la extrema derecha local.

El recuento de iniciativas —“Gota a Gota”, “contra escuelas patito”, “contra médicos pirata”, regulaciones sobre inteligencia artificial y delitos sexuales, así como reformas en protección de menores— fue presentado como evidencia de productividad legislativa. La narrativa omite un punto esencial: la mayoría de esas propuestas son réplicas de tendencias nacionales ya discutidas en otros congresos y que en Querétaro avanzan con escasa deliberación pública. La intención real es construir una imagen de hiperactividad legislativa que no se ve reflejada en diagnósticos serios, evaluaciones de impacto ni mecanismos de transparencia.

Vega insistió en que el PAN “defenderá la vida desde la concepción”, un eslogan que opera como mecanismo de alineación entre él y el sector más conservador del partido, pero que deja fuera cualquier análisis técnico sobre salud pública, derechos reproductivos o congruencia constitucional. Lo mismo ocurre con su llamado a resistir la reforma judicial federal: utiliza los defectos del proceso nacional como excusa para blindar un modelo local que tampoco destaca por su independencia o cercanía con la ciudadanía.

El mensaje político final reiteró el contraste PAN–Morena bajo una lógica de buenos contra malos: Querétaro como “faro de luz”, Morena como sinónimo de deuda, impuestos e inseguridad. La retórica ignora deliberadamente los pendientes del propio gobierno estatal: desigualdad creciente, movilidad estancada, aumento sostenido de la violencia patrimonial y crisis hídrica en amplias zonas del estado. La “esencia de Querétaro” que Vega presume se utiliza para justificar una agenda partidista que prioriza control ideológico sobre análisis material de los problemas. El panismo queretano —y tal vez nacional— opera bajo un discurso de valores tradicionales mientras evita responder con profundidad a los retos públicos. El evento en el CECUCO no aportó transparencia ni evaluación, solo reforzó un imaginario político que busca conservar hegemonía mediante identidad y miedo, no mediante resultados verificables.

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