Los brazos robóticos teleoperados de Enactic ilustran la transición hacia la IA física: sistemas capaces de aprender tareas reales con pocas demostraciones y ejecutar movimientos humanos en entornos complejos. La empresa, respaldada por Nvidia y universidades como Stanford, prepara robots para residencias de ancianos, donde deberán operar en contextos cambiantes y con altos estándares de seguridad.

La industria tecnológica ve la IA física como la siguiente fase: inteligencia que entiende restricciones del mundo real y actúa dentro de él. Morgan Stanley proyecta más de mil millones de robots humanoides en 2050. Demonstraciones virales de androides chinos y robots estadounidenses han elevado las expectativas, aunque persisten dudas sobre utilidad, costos y sustitución laboral.

XPeng presentó un humanoide autónomo capaz de caminar y bailar, reflejo del impulso estatal y de la cadena de suministro china. Aun así, la manipulación fina de objetos sigue rezagada, y el reemplazo masivo de trabajadores se considera improbable por costos y desgaste de componentes como manos robóticas.

Compañías como Enactic y 1X exploran la teleoperación y el aprendizaje en el puesto de trabajo para tareas domésticas. Pese a avances, persisten límites físicos: caídas, torpeza en acciones básicas y un desfase entre los modelos de IA y la mecánica corporal. Investigadoras como Sara Adela Abad destacan que las máquinas carecen de un equivalente al tacto humano, lo que restringe su adaptabilidad.

Shares: