El Tribunal Supremo de Estados Unidos iniciará el lunes su nuevo mandato con un enfoque en decisiones judiciales controvertidas anteriores y la revisión de la amplia agenda ejecutiva del expresidente Donald Trump. Tras un receso de tres meses, los nueve jueces se reunieron esta semana para reorganizar su calendario y evaluar los recursos acumulados durante el verano, retomando los alegatos orales sobre temas como identidad de género, redistribución de distritos electorales y libertad de expresión.

Una de las principales preocupaciones del tribunal es el retorno de casos vinculados a la era Trump. Desde enero, la administración ha obtenido la mayoría de las medidas cautelares a favor de sus políticas, mientras los tribunales inferiores las evaluaban. Esto incluye asuntos sobre inmigración, recortes de gasto federal, reducciones de plantilla y transexuales en el ejército. La mayoría conservadora 6-3 ha anulado aproximadamente dos docenas de mandatos preliminares, generando frustración entre jueces de tribunales inferiores y planteando la posibilidad de conceder amplios poderes unilaterales al presidente.

Entre los casos destacados del nuevo mandato están los aranceles a decenas de países, la posible anulación de un precedente de 90 años sobre la capacidad presidencial para despedir a miembros de agencias reguladoras, y el poder de Trump para destituir a Lisa Cook de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal. Thomas Dupree, abogado experto en derecho constitucional, señaló que gran parte de la agenda examinará si Trump actuó dentro de su autoridad o se excedió.

La dinámica interna del tribunal refleja tensiones ideológicas. Jueces como Ketanji Brown Jackson han criticado la inclinación del tribunal a favorecer las políticas de Trump, mientras que Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett han defendido la imparcialidad y la visión a largo plazo del alto tribunal, asegurando que los casos se deciden según la ley y no por afinidad política.

La presión externa también es significativa. Trump ha criticado públicamente a jueces federales y pedido su destitución en redes sociales, mientras que asesores de su administración acusan a algunos jueces de “subvertir la presidencia”. Entre tanto, los tribunales federales han mostrado preocupación por la frecuencia con la que el Supremo anula decisiones de tribunales inferiores sin explicación detallada, lo que genera incertidumbre sobre los límites del poder ejecutivo.

En este contexto, la seguridad de los jueces también es un tema crítico: desde octubre pasado se han reportado más de 500 amenazas contra jueces federales, incluyendo a James Boasberg y su familia. La administración solicitó recientemente 58 millones de dólares adicionales al Congreso para reforzar la protección de funcionarios judiciales y ejecutivos.

El Tribunal Supremo también abordará recursos sobre derechos LGBTQ, redistribución de distritos electorales, terapias de conversión para menores, y el respeto a precedentes históricos sobre matrimonio igualitario y oración escolar. Los casos relacionados con Trump, especialmente sobre el poder presidencial para despedir a jefes de agencias federales, podrían redefinir antiguos precedentes del New Deal.

Jueces como Clarence Thomas han expresado su disposición a cuestionar decisiones previas que consideren erróneas, mientras que Elena Kagan y Sonia Sotomayor advierten sobre el riesgo de alterar derechos consolidados por la ciudadanía. En los últimos años, la mayoría conservadora ha revisado casos históricos sobre aborto, discriminación positiva y poder discrecional de organismos federales, anticipando que el nuevo mandato podría traer nuevas decisiones de gran impacto político y legal.

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