En el verano de 1952, en plena Guerra Fría, una serie de avistamientos aéreos no identificados sobre la Casa Blanca y el Pentágono activó alarmas militares en Estados Unidos y dejó un expediente abierto que, más de siete décadas después, continúa sin explicación definitiva.

La noche del 26 de julio de aquel año, interceptores F-94 del 142° Escuadrón de Cazas despegaron de emergencia desde la Base Aérea de New Castle, en Delaware, tras reportes de objetos desconocidos detectados por radares del Aeropuerto Nacional de Washington y la Base Aérea Andrews. Entre los pilotos se encontraba el teniente William L. Patterson, quien afirmó haber visto luces brillantes que maniobraban de forma imposible para cualquier aeronave conocida.

Los operadores de radar registraron blancos que se detenían en el aire, aceleraban bruscamente, desaparecían y reaparecían en distintos puntos del espacio aéreo restringido de la capital. Durante más de una hora, las señales fueron confirmadas por múltiples instalaciones militares y civiles, así como por pilotos comerciales.

Aunque la Fuerza Aérea intentó atribuir el fenómeno a inversiones térmicas —condiciones atmosféricas que pueden generar falsos ecos—, especialistas en radar presentes esa noche descartaron que el clima explicara completamente lo observado. El caso fue investigado por el Proyecto Blue Book, el programa oficial del gobierno estadounidense para el estudio de objetos voladores no identificados, y terminó clasificado como “desconocido”.

El episodio, conocido como el “Washington Flap”, provocó una ola de pánico mediático. Durante varios días, los principales periódicos del país publicaron titulares sobre “platillos voladores” sobrevolando la capital, desplazando incluso la cobertura de las elecciones presidenciales de ese año.

Entre 1947 y 1969, el Proyecto Blue Book analizó más de 12 mil avistamientos; 701 permanecen sin explicación, incluidos los ocurridos en Washington en 1952. Pese a ello, la Fuerza Aérea sostuvo que nunca encontró evidencia de tecnología extraterrestre o amenazas más allá del conocimiento científico de la época.

El caso ha recuperado relevancia en 2025 ante el aumento de reportes contemporáneos de fenómenos aéreos no identificados. La organización Americans for Safe Aerospace informó que este año recibió más de 700 reportes de pilotos, más del doble que en 2024, lo que ha reavivado el debate sobre la seguridad aérea y la necesidad de mayor transparencia.

Actualmente, el análisis oficial de estos fenómenos recae en la Oficina de Resolión de Anomalías de Todos los Dominios (AARO), del Departamento de Defensa, que revisa tanto reportes recientes como casos históricos con herramientas científicas modernas.

A más de 70 años del incidente, lo ocurrido sobre Washington sigue siendo uno de los episodios más documentados y enigmáticos de la historia de los ovnis, un recordatorio de que, incluso en la era tecnológica, hay fenómenos que aún desafían explicación.

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