“Creí ver todo el Cielo ante mí y al gran Dios mismo sentado en su trono”. La frase, atribuida al compositor George Frideric Handel, resume el aura casi mística que ha rodeado durante siglos a su obra más célebre: El Mesías.
Compuesta en el verano de 1741, esta pieza monumental se ha convertido en una de las creaciones más influyentes de la música sacra, especialmente reconocida por su coro “Aleluya”, una de las páginas más famosas de la historia musical.
Una creación en tiempo récord
Handel escribió las más de 250 páginas de la partitura en apenas 24 días, entre agosto y septiembre de 1741, un ritmo que ha alimentado teorías sobre una supuesta inspiración divina.
El escritor Stefan Zweig relató que durante ese periodo el compositor casi no comió ni durmió, mientras que expertos modernos apuntan a razones más prácticas, como el hecho de que el libreto ya llevaba meses preparado por Charles Jennens.
El papel de los nervios… y los copistas
Investigadores señalan que Handel trabajaba a partir de borradores que luego eran completados por copistas, lo que facilitaba su velocidad. Además, su experiencia previa en ópera y oratorio le permitió integrar con maestría coros, arias y recitativos.
La obra destaca por su equilibrio entre coro y orquesta, su dominio del contrapunto y su capacidad para generar momentos de gran intensidad emocional.
Entre crisis personal y reinvención
“El Mesías” surgió en una etapa complicada para el compositor. Tras el fracaso de algunas de sus óperas y una enfermedad que lo dejó parcialmente paralizado, Handel buscaba reinventarse.
El estreno tuvo lugar en 1742 en Dublín, con buena recepción, aunque en Londres generó inicialmente rechazo por tratar temas religiosos en un contexto teatral.
Mitos que construyeron su leyenda
Uno de los relatos más conocidos asegura que el rey Jorge II se puso de pie al escuchar el “Aleluya”, dando origen a la tradición de que el público haga lo mismo.
Aunque no hay evidencia concluyente, estas historias contribuyeron a popularizar la obra y consolidar su estatus.
Incluso grandes compositores como Wolfgang Amadeus Mozart admiraron profundamente la pieza, llegando a describir su impacto como “un rayo”.
De la Pascua a la Navidad
Aunque fue concebido para la Pascua —ya que dos terceras partes abordan la pasión y resurrección de Cristo—, hoy “El Mesías” también es interpretado en Navidad.
Esto se debe, en parte, a razones prácticas: la fecha variable de la Pascua dificultaba su programación, mientras que la Navidad ofrecía mayor estabilidad para conciertos.
Una obra viva
Más de dos siglos después, “El Mesías” sigue vigente no solo por su calidad musical, sino por su carácter participativo. A diferencia de otras obras sacras, permite interpretaciones tanto con grandes coros como con ensambles pequeños, acercando al público a la experiencia musical.
Entre mito y realidad, lo cierto es que la obra de Handel continúa siendo una de las cumbres de la música universal, capaz de conmover tanto a creyentes como a amantes del arte en todo el mundo.






