El llamado a votar en contra

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Por Carlos Silva, La lengua de Dante.

En el proceso que está a días de terminar, parece ser, que encima de todo, buena parte de los candidatos perdieron la capacidad (si es que alguna vez la tuvieron) para convertirse en personas atractivas, con ideas sugerentes y con el genio de articular propuestas que los distinguieran del resto de loa candidatos, máxime en un mar de alternativas que se derivaron de la existencia de diez partidos políticos puestos en escena. Por ello el gran ausente en estas elecciones, fue el contraste entre propuestas e ideas.

Pero no, sin saberlo (o queriendo hacerlo porque resultaba más fácil o redituable) la inmensa mayoría de los candidatos, se montaron en el ánimo de polarización que subyace, ubicándose en la postura que más les favoreciera de ese par de posiciones reduccionistas a la que invariablemente, tanto el presidente, como sus detractores, han conducido a buena parte de la población, ya fuera, a favor o en contra, a favor de la democracia y en contra de la dictadura o favor del régimen de la 4T y en contra del conjunto de intereses que se han integrado en su contra.

En cualquiera de las cuatro elecciones, la de los diputados propiamente del ámbito federal y las tres del ámbito local (gubernaturas, presidencias municipales y diputaciones locales) prevaleció la idea de provocar que el voto de la gente se racionalizara a partir de la oposición a algo o a alguien y, consecuentemente, cayeron en la espiral provocada desde el vértice del poder nacional, para convertir las actuales elecciones en una suerte de referéndum en donde el debate que prevalece, es en torno a la figura que mayores adhesiones y enconos produce y que no es otra que la del propio presidente de la república y el movimiento que junto con su gobierno encabeza, el de la 4T.

Sin darse cuenta, candidatos y partidos cayeron en el juego impulsado desde la presidencia, pues a sabiendas de que no habría de estar en las boletas, como había sido su pretensión original, logró posicionar el principal debate, en torno a su persona y su gobierno y, sabiendo que juegan tanto la aprobación que segmentos importantes de la población mantienen sobre su figura, así como el desgaste que produce gobernar, el encono y el reproche de sus opositores, logró llevar la discusión a la cancha que más le gusta y en donde mejor sabe jugar el presidente, la de la polarización.

Los partidos opositores y sus candidatos, sin esgrimir mayores argumentos, son quienes han pregonado que el sentido más conveniente que debe darse al voto, es el de oponerse al régimen y, al mismo tiempo, han tratado de orientar el sentido de otra idea, la del recurrente llamado al voto útil, como una alternativa para nutrir el caudal de votos que pudiera dotar a la oposición de un mayor número de diputados en la Cámara Alta, insisto, sin el antecedente de una oposición tenaz e inteligente y sin los argumentos para hacerlo en lo sucesivo, simplemente, para nutrir sus posibilidades de oponerse.

A estas alturas e independientemente de los resultados que se sucedan en los estados, el presidente y Morena, perfectamente podrán sentirse satisfechos si logran mantener el control en el manejo del presupuesto, lo cual es posible que ocurra si logran mantener la mayoría necesaria que les permita el control de la Cámara cuya nueva conformación parece no habrá de serle tan desfavorable.

Por lo demás y por cuanto hace a las gubernaturas, el presidente puede decirse satisfecho a partir de una sola razón, al ganar cualquiera de las quince gubernaturas en juego, habrá ganado algo más de lo que hasta antes de ésta elección tenía; pensar en esa anquilosada idea de los carros completos y de que el presidente o su partido ganaran todo, es cosa del pasado y así debemos entenderlo. Asegurando el control del legislativo, el presidente mantiene el control de los instrumentos que podrán permitirle un cierre decoroso en la segunda parte de su mandato.

Por cuanto hace a la ciudadanía, habrá que esperar de nueva cuenta tres años para ver si en las siguientes elecciones se corre con la suerte de poder contar con candidatos que tengan, mantenga o recuperen la capacidad de poder proponerle a la gente algo nuevo, algo distinto y no solamente la idea de votar en contra de algo o de alguien.

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