El Cirque du Soleil regresa a México con OVO, un espectáculo inspirado en la vida de los insectos que combina acrobacias imposibles, música en vivo y una producción escénica de precisión milimétrica. La temporada se desarrollará durante dos semanas en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México, del 12 al 23 de noviembre.

Creado en 2009, OVO —que significa “huevo” en portugués— reúne a más de cien integrantes de distintas nacionalidades. En conferencia previa al estreno, la publicista Janie Mallet destacó que el montaje ha implicado un despliegue técnico y humano de gran escala: 53 acróbatas en escena y un centenar de trabajadores locales para el armado del escenario móvil, que debe completarse en solo 12 horas.

Entre los intérpretes se encuentra el argentino Ernesto Lea Place, bailarín clásico que encarna a una “mariposa de noche” en un dúo de cintas aéreas. “La altitud de la Ciudad de México lo hace más exigente, pero es un privilegio estar aquí. Es un orgullo compartir el escenario con artistas de tan alto nivel”, señaló.

Detrás del espectáculo, el trabajo artesanal es monumental: más de 800 disfraces confeccionados a mano por 300 personas con un año de antelación. Un solo traje puede requerir más de 65 horas de elaboración. Abejas, libélulas, grillos y arañas cobran vida a través de estas piezas diseñadas específicamente para cada artista.

El show incluye además música en vivo interpretada por siete músicos y un cantante, ocultos bajo el escenario, acompañando en tiempo real las maniobras de los artistas. Esteban Martínez, técnico de automatización con una década en la compañía, explicó que su labor consiste en sincronizar los cambios de escenografía sin interrumpir el ritmo del espectáculo: “Tratamos de mantener el formato y la cualidad del show en todos los países”.

Con OVO, el Cirque du Soleil ofrece una experiencia inmersiva que mezcla precisión física, artesanía y teatralidad, reafirmando por qué su nombre se ha convertido en sinónimo de excelencia escénica a nivel mundial.

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