El año 2025 evidenció con claridad las fracturas internas del Partido Demócrata en Estados Unidos y dejó una lista definida de figuras políticas debilitadas, cuyos errores comienzan a influir en la configuración del escenario electoral de 2026. Lejos del poder federal, el partido enfrenta tensiones crecientes entre su ala tradicional y una base progresista cada vez más visible y exigente.
El avance del sector progresista se reflejó en la emergencia de liderazgos que plantean una redefinición del partido, desde el alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, hasta figuras como Alexandria Ocasio-Cortez, quienes han marcado agenda y desplazado a sectores moderados. Este fenómeno ha generado presión directa sobre dirigentes del establishment, como el líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, y la congresista Katherine Clark, quienes enfrentaron desafíos internos por su estrategia de oposición al gobierno de Donald Trump.
En este contexto, varios demócratas moderados han advertido que la creciente centralidad del discurso progresista podría alejar al electorado independiente y moderado, clave en las elecciones intermedias. Aun así, la influencia de este sector parece difícil de contener conforme se aproxima 2026.
Uno de los casos más visibles es el del gobernador de California, Gavin Newsom. Aunque logró posicionarse como un crítico constante de Trump y ganó presencia mediática, su gestión en 2025 es vista como una oportunidad desaprovechada para consolidarse como un ejecutivo con resultados tangibles. Su impulso a un controvertido plan de redistribución de distritos fortaleció su perfil nacional, pero también generó divisiones internas y cuestionamientos sobre su dependencia política del propio Trump como antagonista.
El legado del expresidente Joe Biden también quedó bajo escrutinio. En su primer año fuera del cargo, investigaciones y publicaciones revelaron una delegación de poder sin precedentes en su círculo cercano y alimentaron dudas sobre la transparencia de su administración, particularmente en temas como migración y gobernabilidad. Estas revelaciones han sido utilizadas por los republicanos para reforzar su narrativa crítica hacia los demócratas.
En el Senado, el liderazgo de Chuck Schumer cerró 2025 severamente debilitado. El prolongado cierre del gobierno federal, que se extendió por 43 días, fue atribuido en gran medida a su incapacidad para unificar a la bancada demócrata. Lejos de satisfacer a los progresistas o de contener a los republicanos, el episodio dejó al partido sin logros claros y abrió cuestionamientos sobre su continuidad al frente de la minoría.
La falta de definición de Schumer frente a la candidatura de Zohran Mamdani en Nueva York profundizó la percepción de desconexión entre el liderazgo tradicional y la nueva base del partido. Al cierre del año, las dudas sobre su capacidad para encabezar una estrategia eficaz y representar el futuro demócrata permanecen abiertas.
Así, 2025 cerró como un año de advertencias para el Partido Demócrata: divisiones internas, liderazgos cuestionados y una pugna ideológica que perfila desde ahora el rumbo incierto hacia las elecciones de mitad de mandato en 2026.






