Disertan sobre el impacto del COVID-19 en el Patrimonio Cultural Inmaterial

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Los efectos del confinamiento en el mundo, para contrarrestar las consecuencias del COVID-19, han sido negativos para muchas de las prácticas o manifestaciones del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI), solo algunas han podido transitar a su versión digital, pero muchos festivales, rituales, peregrinaciones o fiestas patronales fueron canceladas; los artesanos no tienen a dónde acudir a ofertar sus productos, aseveró Cristina Amescua Chávez, doctora en antropología social por la UNAM.

En la segunda sesión virtual del ciclo de conferencias “Cultura y patrimonio en la actualidad”, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de su representación estatal en Morelos y del Museo Regional Cuauhnáhuac, Palacio de Cortés, la investigadora disertó sobre los efectos que ha tenido la pandemia en las manifestaciones culturales inmateriales y la manera como los involucrados en ellas los han tenido que enfrentar.

En la videoconferencia El Patrimonio Cultural Inmaterial ¿Cómo estar juntos en un contexto de pandemia?, transmitida por el canal INAH TV en YouTube, como parte de la campaña “Contigo en la Distancia” de la Secretaría de Cultura, la especialista del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, dijo que este tipo de legado es un fragmento de ese gran tejido que es la cultura.

“Cuando hablamos de PCI no lo hacemos de toda la cultura, solo de ese pedazo que nos es particularmente querido, significativo, que nos gusta porque nos representa y permite ser, y el cual compartirnos con los demás”.

Cristina Amescua Chávez comentó que, con el COVID-19, se ha aplicado el confinamiento y el distanciamiento social, medidas que buscan cuidar la vida como bien supremo, pero que “nos muestran la idea del otro como una fuente de contaminación y de peligro, imagen fuerte, justamente porque los seres humanos son seres sociales que necesitan de los otros para vivir”.

La antropóloga social detalló que desde hace años se habla del PCI en contextos de emergencia, de conflictos armados, de desastres naturales y, ahora, de pandemia, por lo que tiene esa capacidad de ser o convertirse en un factor de resiliencia, en un mecanismo generador de comunidad en momentos en los que esta se vuelve necesaria para enfrentar los retos que se presentan.

“En esta propuesta del PCI, el otro ya no es fuente de contaminación, ahora es una fuente de conexión y de sentido. El reto principal al que nos enfrentamos es, justamente, el de encontrar un equilibrio entre estos dos conceptos del otro, porque, en efecto, tenemos que cuidarnos, distanciarnos, pero tampoco podemos olvidar que nos necesitamos para vivir juntos”, indicó.

La presidenta de la Cátedra UNESCO sobre Patrimonio Cultural Inmaterial y Diversidad Cultural, dio a conocer algunos datos de los impactos del COVID-19 en la cultura y en el PCI. Mencionó que, en abril de este año, prácticamente 95 % de los museos en el mundo cerraron; actualmente, 60% de estos ya están abiertos, toda vez que en Europa y Asia la transmisibilidad del virus ha ido disminuyendo, pero se calcula, de acuerdo con la Asociación Mundial de Museos, que 13 % puede que no vuelvan abrir.

Expuso que, según datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT), hubo una reducción de 60 a 80 % de las llegadas a los distintos países y, se prevé que, hasta 75 millones de puestos de trabajo, en el sector de los viajes y del turismo, están bajo amenaza inmediata, lo que equivale a la pérdida de 2.1 billones de dólares del PIB mundial; el turismo cultural representa cerca de 40 % de los ingresos en esta industria, a nivel mundial.

Amescua resaltó que las industrias culturales y creativas contribuyen con dos mil 250 billones de dólares a la economía mundial, es decir, el 3 % del PIB, y representan 29.5 millones de puestos de trabajo en todo el mundo.

Ante el confinamiento sanitario, la forma de disfrutar desde casa de la cultura y las artes no ha sido la misma para todos. Datos de la Alta Autoridad para la Difusión de Obras y la Protección de Derechos en Internet (HADOPI), 53 % de los cibernautas en Francia mencionan el consumo de bienes culturales como una de las actividades más importantes de este periodo.

“En contraparte, 46 % de la población mundial permanece sin conexión, la mayoría de ellos están en países desarrollados. En México, sabemos que, aunque los dispositivos abundan, si la gente no tenía contratado un plan de datos, su única fuente de conexión eran sus instituciones educativas o sus lugares de trabajo, y al ser confinados en casa, perdieron esa posibilidad de conectarse”, aseguró.

La antropóloga social destacó que en estos tiempos, las artes, la cultura, el PCI, “se convierten en nuestra salud emocional, son parte fundamental para poder estar más o menos bien, en este contexto de incertidumbre, de precariedad económica, de no saber qué va a pasar”.

En tiempos de COVID-19, en la cultura, el mundo corpóreo se trasladó al virtual. Los artistas, los creadores, los practicantes, empezaron a buscar maneras de seguir haciendo lo que hacen a través de las redes sociales y plataformas como Zoom, dando talleres, tutoriales y más.

La doctora Amescua subrayó que el programa de la Secretaría de Cultura, “Contigo en la Distancia”, es un buen ejemplo de ello, incluyendo una variedad de actividades y acciones, a lo largo de estos meses, que han sido vistos por mucha gente dentro y fuera de México.

El PCI se mudó al mundo virtual ante la imposibilidad de usar el espacio público. Ante este contexto, mucha gente se ha visto forzado aprender rápidamente y a utilizar las herramientas tecnológicas de manera cada vez más hábil, lo que tendrá un impacto en cómo se construyen las formas de estar juntos de ahora en adelante.

“Un ámbito en el que se han observado efectos positivos del confinamiento es en las familias. Al estar juntos en casa, se está recuperando la comunicación que se estaba perdiendo por falta de tiempo, pues hay un reforzamiento de los mecanismos de transmisión intergeneracionales de saberes, en ámbitos como el culinario o la historia oral; se están volviendo a contar cuentos, canciones, juegos, que los papás jugaban de niños y los comparten con sus hijos”, afirmó.

La investigadora expuso que un elemento que se ha puesto en juego en este contexto es la creatividad. “En Irán, la música y danza típica se adaptaron para llevarlos a los hospitales y fueran disfrutados por los médicos y las enfermeras que están combatiendo a esta enfermedad; el baile da sentido, esperanza, la música nos permite recordar que hay un futuro, nos da la posibilidad de estar juntos aun ante situaciones tan adversas”.       

Otra herramienta de la cultura, dijo, es la adaptación, la cual es una de sus características fundamentales. “Las culturas se adecuan y encuentran formas de subsistir, para que perdure aquello que les resulta relevante, por ejemplo, en México varias comunidades de artesanos utilizan el bordado tradicional plasmado en faldas, vestidos o textiles, ahora en cubrebocas, y de esta manera continúan preservando su legado y se convierte en una fuente de ingresos.

“El PCI es un elemento importante para la resiliencia, el poder del patrimonio vivo es muy poderoso. Muestra de ello es la organización de formas solidarias de apoyo, ya sea para comercializar artesanías en línea o en la difusión ciertas manifestaciones culturales; se van tejiendo redes de ayuda comunitaria”, finalizó.

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