Destilados de un corazón salvaje

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Por Sheila Licea

“Escribir con el corazón, que el corazón solo dice verdades”.
Alberto Salcedo Ramos

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Destilar según la RAE: Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Del lat. destillāre ‘gotear, caer gota a gota’.
1. tr. Calentar un cuerpo hasta evaporar su sustancia volátil que, enfriada después, recupera su estado líquido.
2. tr. Rezumar una sustancia gota a gota. La gardenia destila un zumo aceitoso. U. t. en sent. fig. Sus palabras destilan pasión*.
3. tr. desus. filtrar (hacer pasar algo por un filtro).
4. intr. Dicho de un líquido: Rezumar a través de un cuerpo. El agua destila de las hojas. U. t. en sent. fig. El talento le destila por los poros.
*En el texto original de la RAE: resentimiento.

 

Sopas:

Alguna vez un agradable galán me dijo que era un whiskey en las rocas, que no podía ser su malteada de vainilla, notas amargas, otras refrescantes, notas dulces, notas amaderadas que me daban un período de vida de maduración pero a su vez joven y suave, cálida y rasposa al trago perdón al trato.

 

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Bien cuando hago referencia a destilar un corazón hablo de mi corazón, salvaje, indomable, de espíritu inquebrantable que arde hasta el punto de volatilizar sus emociones a flor de piel, que se empapa de pasión, en el que las ideas pasan por el filtro de su amor que se rezuma a través algunas veces del dolor otras de la felicidad. Un corazón que se destruye y se construye, que nace y muere cada día. Hablo por mi, por mi experiencia.

 

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Hace un tiempo relativamente corto por mi edad pero largo por experiencia, a Dios gracias que no hay rosa que perfume sin espinas que tuve que salir de mi propia ignorancia e indolencia humana; no cabe duda alguna que es en primera persona que uno aprende valiosas lecciones de la vida, que abrí los ojos. Crecí entre hospitales y enfermos. !Vaya que comienzo! Siempre un ir y venir a las urgencias, ver humanos disfrazados de enfermos, amigos y familiares preocupados o tristes o ambas, médicos, enfermeros, practicantes, voluntarios amantes de la labor social y algún perdido pues no faltan nunca los curiosos.

Regresando a mí una niña en aquel entonces de casi 4 años una de las memorias más impactantes y mejor guardadas en mi ser es entrar a un cuarto de hospital gracias a mi papá que me metió a escondidas del guardia del hospital pediátrico de especialidades en la ciudad de México caminé un pasillo lleno de niños en batitas algunos pelones, algunos en los huesos, otros por irse con Dios por decir lo menos. Fue ver a un precioso niño castaño y chino llamado Erick de casi 7 años con ojos de luceros miel y pestañas infinitas mirándome fijamente con la boca abierta para luego decir: ¡Que largo cabello tienes, que bonita! Yo: sonrisa tímida, abrazo acostándome a las piernas casi pies y digo ¡gracias! Y rompo en llanto muy amargo… (Veo a un niño por primera vez canalizado en bata, no sé ni de dónde puedo tocarlo.) Erick muy tierno: No llores por favor hermana te ves muy bonita cuando sonríes, ¿quieres sentir una moto en mi brazo? Yo: Con lagrimitas sonrío diciendo que si. Erick: apriétame aquí, señalando la sonda interna que tenía para la hemodiálisis. Yo: aprieto el bracito querido y pronto se siente una fuerte presión que hacía como el arranque de la moto, mamá: ¡no hagan eso, es peligroso para él! Yo jamás lo volví a intentar, pero a él le gustaba que los niños de la escuela lo hicieran para que no tuvieran miedo. La visita se me fue en ver impactada, a ese querido niño del corazón debatir entre la vida y la muerte.

 

Postre:

Que felicidad hoy tanto tiempo después recordar a alguien que en medio de la tribulación y su enfermedad supo ver siempre a través de los ojos del amor y de la alegría que con un pequeño detalle cambió el llanto por risa en segundos.

¿No iba yo a verle para llevar alegría? La alegradora termino siendo alegrada y toda la vida aleccionada por ese detalle infantil que me demostró que no importan las circunstancias que uno atraviese en la vida la grandeza siempre viene del corazón, el corazón jamás se cansa de latir entonces jamás hay que cansarse de ser fuerte, de hacerlo una y otra vez sin parar, cuando el corazón se cansa la vida que conocemos termina pero aún así comienza otra.

¡Vayamos entonces con una sonrisa renovada cada día nunca sabremos a quién puede cambiarle el día, la vida!

Las aves no cantan para sí mismas como tampoco las flores perfuman para ellas, pues no hay dicha más grande que hacer que quien nos mira nos regale una sonrisa.

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